Aguacate

Sucedió hoy en la tarde. Había salido con los chicos del colegio e iba camino a recoger a mi hijastra al suyo cuando pase por el revendón de la avenida en la que ubica la escuela de mis hijos. Este señor se instala todas las tardes, justo a las 2pm, en la entrada de uno de los vecindarios más exclusivos de la zona, exhibiendo frutas y verduras para la venta. Confieso que el caballero ha aportado un poco del folclor cultural agrario al mundo suburbano de mi ciudad. Allí, en plena acera de la avenida, entre Lexus, guaguas Mercedes Benz y empleadas domesticas con mahones cuatro tallas más pequeñas, se destaca la guagua despintada con aires campestres. Ciertamente su mercancía no ha pasado desapercibida ante mis ojos, ya que transito la ruta tres tardes a la semana de camino a las prácticas de voleibol y tenis de mis hijos. Han sido varias las ocasiones que he salivado ante la montaña de chinas mondadas, como las que mi abuelita solía comprarme en la Plaza del Mercado de Rio Piedras cuando era pequeña. Así que hoy, bastante hambrienta, pasaba yo frente al susodicho revendón cuando se me ocurrió parar a comprar un aguacate. El dueño del quiosco-como decimos en argot boricua-parloteaba por teléfono mientras ofrecía servicio de servi-carro al auto de enfrente. Observe su vestimenta de mahon y camisa polo e inmediatamente dude de su veracidad campesina, pero que rayos, la cosa esta mala y la economía en recesión. A cualquiera se le puede ocurrir montar un negocio de viandas, frutas y vegetales. Procedí a pedirle al vendedor un aguacate. Cuando me dijo el precio por poco me ahogo “CUATRO DOLARES!!!!” grite. “Están caritos, porque son importados de Costa Rica y cada caja me sale en $60” se justifico ante mi casi rugido. “Oiga, pues yo conseguí uno a $2.00 esta semana en Cayey en una placita y era más grande que esos.” A lo que me respondió “Ay miss, es que no están en temporada.” Fue ahí que la guaynabocitymom olvido su refinada apariencia y saco su vena agrícola. Fue entonces que procedí a informarle a este pseudoagricultor que los aguacates ,en algunos lugares de la isla y de acuerdo a la variedad, si están en temporada todavía. “Como en la finca de mis abuelos en el Pepino que en febrero todavía hay aguacates”. Zas, lo remate y le pregunte que si me lo rebajaba a tres dólares. “$3.75” me riposto. “No gracias” le respondí, subí la ventanilla del carro y allí lo deje con su caja de aguacates, que diz que costo $60. Imagino que si logra vender la mitad, será mucho, ya que aguacates as $4 pagaran solo aquellos cuyo desconocimiento abra sus bolsillos para desembolsar esa friolera. Como dice mi amiga Isabel, tendremos que volver a los tiempos de antes y sembrar aguacates en nuestros patios. Claro, no en Guaynabo City……aquí rozan con el tendido eléctrico en los impecables patios de las casas urbanizadas.

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1 Response so far »

  1. 1

    gaby said,

    El precio de vivir en “la loza”…pero creo que por otras calles recuerdo haber visto “revendones” mas economicos; tambien al final de la Ave. St Patrico…casi esquina Americo miranda..hay “plazeros” en la mano izquerda…y si ese dia que usted decide ir no hay aguacate…el mangu y el “mondongo” alli revive muertos, y hace de todos un Lazaro… 🙂 take chance…explore the “inner city concrete verdureros”…aunque algunoz tienen techos de “sinc”… 🙂


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