Corazón

“Mami tenemos que hablar”. Con estas palabras-y en el medio de un santísimo tapón-me quedé petrificada en el cuero del asiento de mi carro (que bastante incómodo que es en un día caluroso). Cuando tu hijo adolescente te dice que tiene algo importante que decirte, es IMPORTANTE. Los adolescentes raras veces comparten con sus padres sus pensamientos internos. Esos son exclusivos de los amigos. “¿Y ahora que rayos habrá hecho ésta?” me pregunté a mi misma. Lo que prosiguió fue algo no tan alarmante (mis peores miedos también pasaron por mi mente en una milésima de segundo) pero sí sumamente importante. Resulta que la pollita #1, guaynabocitykid y futura comunicadora tenía el corazón partío’ como dice la canción de Alejandro Sanz. El elemento en cuestión-otro guaynabocity kid-es un chico sumamente apuesto, agradable y muy maduro para su edad. Pero…. hombre al fin. Mi polla-aquel bebé que hace 16 años esperaba con ilusión un mes de diciembre y me fue concedido como Regalo de Reyes-estaba ENAMORADA. OMG! Tragué duro. Hacía tiempo veía florecer la relación con el chico y hasta su mamá conocí. Pero como su genero dicta, no es muy bueno con los sentimientos y es material altamente manipulable en las manos de otra fémina.
Lo que se desató fue la telenovela. Rebelde se queda corta. Esto si que es un novelón de prime time con protagonistas, antagonistas y una trama que se extiende desde un prestigioso colegio a otro, incluyendo varias residencias en GCity. Al fin y a la postre, mi chica aceptó la situación y decidió poner pausa a todo. Esto de ser madre de un@ adolescente es demasiado complicado. Compadezco a aquellas madres que tienen tres de estos seres en edades contiguas habitando en sus casas. Ahora comprendo a mis padres y los compadezco. En casa éramos dos teeenagers con cuatro años de diferencia. No debió haber sido fácil….
Cierto domingo, varios días después del incidente y mientras estaba en casa de su padre, la pollita me llamó. La noche anterior en un ataque de desespero me envió un mensaje de texto “Es urgente” leía. Yo muerta del sueño le contesté que hablaríamos al otro día. Para mí, el mundo no se estaba acabando. Al otro día me comentó como se sentía y su impresión de toda la situación. Fue entonces cuando recordé tener su edad y le abrí mi corazón. No de madre, si no de mujer. Le conté sobre mi primer amor (no mi primer novio) y lo mucho que sufrí cuando terminamos. También le dije cuan felíz estoy de saber que él está bien y que se dónde está y lo que hace. En aras de no revelar” too much information” le informé su nombre, profesión y cuanto lo quise hace 21 años atrás.
A veces hay que quitarse el sombrero de mamá y dejar ver lo que hay dentro de nuestro corazón para que los hijos puedan comprender que esa senda la recorrimos y sufrimos tanto como ellos. Si fuimos sabios y aprendimos lecciones de vida, es importante compartirlas con ellos para reforzar su autoestima y evitar que ellos cometan otros errores. Al fin de cuentas, en algún momento dado de nuestras vidas todos tendremos un corazón partío’.

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