Gatillo

Quiero hijos valientes, optimistas y luchadores. Así se titula la última entrada del blog Jaime, mi dulce guerrero de la colega bloguera Mila Ferrer. En esta entrada Mila destaca que su misión en la vida es criar a sus tres retoños para prepararlos para su vida futura mientras les enseña como mantenerses saludables física y emocionalmente. El componente físico se complementa con lo que ella y su eposo predican en su hogar: estabilidad espiritual. Mila, es mamá de Jaime, un chico con diabetes tipo 1 , causa con la cual está comprometida al igual que con su hijo. Mila, como sabemos todas las que somos madres, destaca con su estilo franco y directo que traer hijos al mundo no es nada fácil. No podemos ahogarnos en la pena o en la inconformidad. Como ella, hay que ser una guerrera valiente y hacer lo mejor en la situación actual.
Leer el blog de Mila esta mañana me infundió valor y esperanza. Anoche apagué el televisor habiendo escuchado en los primeros 15 minutos del noticiario historias llenas de tristeza y morbo como la de la joven herida de bala Karla Michelle, el asesinato del Sargento Castro (padre de 3 chicos ahora huérfanos) y crímenes de violencia familiar. Anoche ya cansada de tanta cosa negativa llegué a la conclusión que somos una sociedad putrefacta. Que se cansa uno de remar en contra de la corriente para levantar hijos e hijas de bien! ¿Para que sus vidas terminen cegadas por el dedo que hala el gatillo? Es hora de levantarnos como sociedad. De no dar la espalda al problema. Sea desde la casa, la escuela, la iglesia o la cancha TODOS estamos llamados a construír un mejor Puerto Rico. Halar del gatillo es fácil. Es a lo que nos ha llevado el mantengo, el afán de tener sin trabajar ni estudiar. El contratista que roba al gobierno con una factura inflada o paga favores es tan responsable de la bala que tiene a Karla Michelle postrada en un hospital como el que “capea” en el punto de drogas. Todos han caído rendidos ante el egoísmo y el hedonismo.
Hace varios días fui con mis chicos a buscar unos deliciosos pasteles de yuca que confecciona una persona a la que estimo muchísimo y quien es líder de una comunidad en Cataño. El dolor y las ansias de un mejor Puerto Rico en términos ambientales nos une: la vida de su hijo de 14 años, un joven deportista, fue cegada por una bala tal como la del abuelo de mis hijos. El Expreso Las Américas en dirección a Arecibo puede ser más que una frontera geográfica que divide pueblos. Es el pasadizo a dos mundos diferentes. A la izquierda Bayamón se erige con su tren en ciernes y vías atestadas como la metrópolis suburbana en la que muchas personas tienen su hogar. Detrás del mogote de Villa España y Buchanan estamos los “guaynabitos” en nuestro mundo color de rosa, según algunos. Pero al lado de la derecha, entre humedales y parques industriales viven otras muchas personas. Unas buenas y otras no tan buenas, en un pueblo a veces olvidado que se llama Cataño. Mencionar Cataño es mencionar a CAPECO, a Palo Seco y tiroteos entre barrios. En fin, un lugar inhóspito. “¿Han ido alguna vez al otro lado del mogote?” le pregunté recientemente a unos amigos en una tertulia en nuestra bien enclavada urbanización. Me miraron con cara rara, la respuesta se posó como un silencio sobre la mesa del comedor en la cual se servía el filete en salsa de vino y setas.
Fue allí-al otro lado del mogote- donde mis hijos de seis y ocho años vieron por primera vez un punto de drogas. No lo hice a propósito ya que pensé (y por experiencia previa) que ir a mediodía era inofensivo. Pero me topé con tres niños haciendo de tiradores. Imagino que el dueño del punto debería estarse saboreando un filete tan bueno como el que yo degusté en casa de mis amigos, a cuesta de corromper y exponer la vida de estos menores. Nuestra cena fue producto del trabajo arduo de tres matrimonios profesionales, que no le roban nada a nadie y pagan sus impuestos. El más pequeño de estos “tiradores” era un mocoso de apenas nueve o diez años. Mientras muchos niños están en su casa jugando con sus juguetes de Navidad y otros con raqueta de tenis en mano como los de Mila, este niño vendía una bolsita de picadura de marihuana a plena luz del día. Estoy segura que uno o dos años este mocoso imberbe estará halando el gatillo para cegar la vida de algún buen puertorriqueño: Llámese Abimael, Karla Michelle o Lino, como el abuelo de mis hijos.
Es contra ellos con quienes luchamos, son los que nos obligan a seguir construyendo un mejor país, dando valores desde la cuna y desarrollando hijos fuertes física y espiritualmente. Tal como hace Mila.

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4 comentarios so far »

  1. 1

    Qué difícil la situación de la Isla. Uno siempre caminando en contra de la corriente, pero hay que hacerlo para impactar a nuestra familia y a los dos o tres que se contagien con un comportamiento correcto y honesto. Mientras sigan viviendo con metas a corto plazo para el beneficio propio y no hacia la vida en comunidad…seguiremos así. Y es desde las autoridades hacia abajo.

  2. 2

    gaby said,

    Valores desde la cuna se olvidan en una noche de luna,
    la lucha del espiritu incansable de una madre la borra…
    la mofa…la extingue la tele gota a gota…sue~os gloriosos
    los sopla la coca solo y siempre hacia el llanto…al luto doloroso…monstruoso…grosero recordatorio de que nada es como deseamos…todo es prestado…hipotecado…hasta la vida misma…

    Que nos pasa, Puerto Rico…

    • 3

      Gaby: Los valores no se olvidan. Mi abuelo decía que la clase y los valores se enseñaban desde la cuna y no tenían que ver con el dinero. Si entiendo que las presiones sociales socavan y minan el espíritu del más fuerte. Pero si esos cimientos son fuertes, de acero, sobreviven hasta la hecatombe. En Puerto Rico todo es prestado e hipotecado, muy cierto también. Pero hay hogares donde no lo es. Somos pocos los luchadores, pero no podemos dejarles el país a los vagos, mantenidos, criminales. Nos pasan muchas cosas, pero tengo FE, que la sociedad que erigimos hoy, puede continuar haciendo la diferencia. Un saludo caluroso en el nuevo año 🙂

  3. 4

    gaby said,

    La vida en comunidad no puede vivir feliz en un acceso controlado…eso es solo supervivencia…artificio moderno en proteccion de un nuevo Darwinismo en lucha y busqueda de los arteriales de escape…solo posible dentro de un egoismo amoroso de preservar la sabiduria genetica de aquel proverbio…”familia primero…familia ante todo”…celula ahora en pudricion seminal causada por la disfuncion de ese grupo social…el mismo que creo civilizaciones y sostuvo imperios…ahora solo real entre 6 y 6, al regrezar a un fortin reversido…donde el noble se encierra al concluir faenas hipnoticas que utopicamente ven como la lucha correcta para el pan de cada dia…y una mejor vida y futuro de su prole victimizada ya por lo chic, lo nuevo, lo todavia no inventado…pero presagiado por los adivinadores de la publicidad tipo 5ta avenida…

    La vida en comunidad…si…cierto es que es la unica salvacion para Macondo…pena que es habitado en mayoria por macondianos…


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