120

Un junte de mujeres una noche de la semana sin maridos y sin niños es algo poco común. Máxime si es un concurrido restaurante donde abundan las familias y las mujeres en cuestión son ex compañeras de estudio de una escuela a donde solo asisten féminas. Allí estábamos, muertas de la risa, contando nuestras ajetreadas vidas diarias, compartiendo retazos de nuestras vidas profesionales y personales y celebrando los 40 de una de ellas. La cumpleañera había realizado una entrada impactante….por que nunca ha perdido la costumbre de hacer chistes “mongos” y de hacer gala de sus dos pies izquierdos dados a accidentarse y se reventó con todo y plataformas fabulosas en la entrada del restaurante. Pero con su habitual sentido del humor se levantó y allí nada había pasado, solo que algunas personas se dieron cuenta y quedó captada en el video de seguridad. Yo esperaba adentro cuando la cumpleañera y Su Señoría, la juez del grupo, llegaron. La plática fluyó rápido. Sin tapujos, sincera y con la comodidad de quien se conoce de sus años de acné y primeros novios. Han llovido más de 20 años desde nuestra graduación, pero la comodidad que siento al sentarme con ellas hacen que no parece que el tiempo haya pasado.
Entre risas Su Señoría procedió a narrar anécdotas de su sala, la cual asemeja un circo, y lo cual no es difícil de imaginarme pues cada vez que veo su nombre en una noticia me imagino la cara de los comparecientes ante una hermosa mujer con cara de niña buena, flanqueada por dos tanques, digo…. alguaciles. Eso debe ser un espéctaculo, sobre todo cuando leo las severas sanciones que ella impone a los acusados. Me la imagino todavía empanadilla en mano con su eterna Diet Coke como cuando estábamos en octavo grado, encontrando causa para arresto. Pero el tiempo no pasa en vano y cuando pasa, nos pasa factura. Fue así que del yoga, los hijos, las comparecientes en la sala de Su Señoría con cirugías plásticas que las hacen no tener expresión alguna, las mudanzas y los trabajos que pasamos a un tema escabroso: el peso…..
“Diablo, yo no se cuando fue la última vez que yo pesé 120 libras” comentó alguien en la mesa, luego de hacer referencia a que una de nuestras amigas ahora camina derecha gracias al yoga, y en la época en la que ella caminaba un poco inclinada pesaba 120 libras. Las risas no se hicieron esperar. La cumpleañera anda en campaña de pérdida de peso-40 para los 40- por las 40 libras por cada año de vida que desea perder nada más y nada menos. Otra había dicho que aunque tenga su abdomen estirado, no se someterá a cirugía alguna ya que este es producto de su mayor orgullo: sus hijos. Así que observe las reacciones y protesté “Yo peso menos de 120 libras” (119.8 exactamente ese día). “Ah, pero es que tu eres chiquita”. Si bien es cierto que mis 120 libras están compactadas en 61 pulgadas de estatura, no menos cierto es que luego de tres embarazos, he tenido que sudar la gota gorda para volver a unas dimensiones pasables y abstenerme de comer todo lo que veo. Mi peso ha variado de 107 libras en los años de la “high” a 167 durante mi embarazo #2 cuando parecía un globo. Lo que si nunca ha cambiado es la dimensión de mis brazos por más flaca que esté. Los “chicken wings” como me gusta llamar al trícep que por más que lo ejercite parece tener mente propia. Y parece que a todas nos pasa lo mismo por que todas, flacas y menos flacas, tenemos “chicken wings” según comprobé. Lo que si nunca ha cambiado son mis piernas, las cuales conservan la solidez y musculatura de los años juveniles.
Al otro día del encuentro, y habíendome despedido temprano, tuve que ir nada más y nada menos que a nuestra alma mater, la cual no pisaba hacía dos años. Dicen que no existen las casualidades y tomé esto como un buen signo. ¿ El motivo? Acompañar al reclutador de mi otra alma mater a una feria de universidades americanas. Como la mañana traía reuniones fuera de área metro y la tarde visita a los pasillos del alma mater en donde lo menos que quería era sentirme como reliquia-y con las infames 120 en mente- opté por algo juvenil: una falda estampada corta. Luego de salir de Guaynabo City camino a la primera reunión paré en una gasolinera y las miradas masculinas no se hicieron esperar. A mediodía paré en un centro comercial a comprar algo y el mismo tipo de mirada persiguió a mis piernas. Tres partos después mis piernas levantan pasiones…..En la tarde en la Academia conversaba con las chicas y me preguntaba “¿Cuántas pesarán 120?”. Luego de pasar un buen rato recordando viejos tiempos, la realidad me llamó y era hora de volver a mi rutina de machina en la periferia de Guaynabo City. Recogí dos en un colegio, dejé a una en una práctica y me fui a buscar a otra a su escuela. De camino mi cuerpo me pidió una Diet Coke con mucho hielo y paré en el Subway cerca del colegio. Al pagar aquel vaso gigantesco lleno del cuasi veneno de ratas que me pedía el cuerpo y que me permite enfundarme en semejante falda dí las gracias al cajero en inglés “Thank you very much” a lo que el me respondío “De nada, babe….digo…SEÑORA”…….
Total 120 es un número….

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