Jorge

El “status” de Facebook de una ex-compañera de universidad y colega profesional fue la forma en la que me enteré de la muerte de Jorge. Lo conocía desde la escuela superior, cuando yo estudiaba en una escuela de niñas y él en una de varones. Era el novio de una chica muy popular de mi clase. Alto, guapo, varonil y con voz ronca nunca pasaba desapercibido. Dejé de verlo por un tiempo cuando en mi primer año de universidad en Estados Unidos me topé con él la primera semana de clases. No fue en el salón de clases debo decir. Fue en un “bar” que se llamaba The Boot y era muy frecuentado por estudiantes de mi alma máter y de la universidad contigua, dónde el estudiaba. Erámos de esos muchachos afortunados, de esos que viven en la “burbuja social”, producto de la élite educativa del país. Hijos de profesionales sacrificados que enviaban a sus “tesoros” a cursar estudios al Norte en aras que eventualmente obtuvieran una mejor vida, posición social y profesional. Chamaquitos que salían de noche a “janguear” mientras nuestros padres dormían plácidamente “al otro lado del charco”.
Jorge estuvo presente en todas mis aventuras universitarias. Juntos pasamos mi primer Mardi Gras en Nueva Orleans. No entendía por que él ostentaba mejores collares que yo (luego lo capté) pero me regaló algunos que tenía como botín de conquista para que no me sintiera mal. Estar a su lado aseguraba un ataque de risa. Se gufeaba todo con un peculiar sentido del humor entre mofa y chiste. Entre tragos podía profundizar sobre cualquier tema. Era un muchacho brillante y dedicaba largas horas a estudiar. Era pana de todos y todos lo querían. Era Jorge, Papo, George….todos en uno. Tenía una legión de fanáticas femeninas. Americanas, latinas, boricuas….era muy popular. El admiraba la belleza femenina. Más de una amiga se enamoró perdidamente de él. Yo me enamoré perdidamente…. de su compañero de apartamento. Como los tres chiflados pasamos horas bebiendo un tequila que se llamaba Hornitos Reposados y salíamos a cualquier lugar los tres. Cuando regresé el año escolar siguiente sans el novio (que se había graduado) Jorge era mi paño de lágrimas y panita de salidas. Una vez me empató con un amigo suyo en una loca aventura de la cual no me quiero ni acordar. El amigo jamás me quiso ver, ni yo a él (me había ocultado que el amigo tenía novia fija en Puerto Rico-por poco lo mato!). Fue un amigo muy solidario por esos años. Cuando una amiga americana cayó presa de una depresión fatal y un desorden alimenticio, el estuvo allí para ella, sin hacer preguntas. Ella no tuvo tiempo en vida para retribuírle el favor, pero se que ella superó esa crisis, en gran medida gracias a él.
Por cosas del destino, salí con una persona que casualmente también era su “roomate” en su último año de universidad. Aunque el idilio fue atropellado y no duró, Jorge era ya demasiado “familiar” en mi vida…..El se graduó un año antes que yo y sentí el vacío de no tenerle para salir. Había entrado en la escuela de medicina en Puerto Rico. Nos perdimos el rastro, sin embargo de vez en cuando sabía de él por amistades que estudiaban medicina. La última vez que nos vimos fue en septiembre 2005 cuando el padre de mis hijos tuvo un percance y nos encontramos en el pasillo de un hospital. Yo estaba perdida buscando la entrada posterior de la sala de emergencias, bañada en sangre, doblada todavía por un cesárea reciente. Y allí estaba él con su bata de médico. Venía de atender un parto. Me sentí felíz de verle realizado. Estaba enamorado, me confesó. Lo vi tranquilo, pleno, lleno de vida. Me tomó de la mano y me dirigió a la sala de emergencias donde procuró me dieran entrada. Le dí un beso y un abrazo fuerte antes de despedirnos frente al ascensor.
Sus últimos años se que no fueron los mejores. Nos comunicamos a través de Facebook. Hace dos meses le envié un mensaje comentándole que había visto a su hija y era su misma cara “Ahí las vas a pagar todas”. Penosamente no verá crecer a su hija ni a su hijo. Jorge vivirá en mis recuerdos y en los de muchos. Es parte de mis aventuras y las aventuras de muchos compañeros universitarios. Con él Dios tendrá un gran compañero con quien filosofar y reír con un tequila en mano.

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