Avion

avionMontarse en un avión, un sábado temprano y uno desvelado no es nada gracioso. Menos si no es viaje de placer, si no por trabajo. Odio viajar. No es que no me guste salir de mi comarca guaynabena…oh, no! No hay nada mejor que salir del Tercer Mundo (con ínfulas de Primer Mundo) y perderme por varios días en algún destino lejano sin saber de crimen, de entuertos politiqueros y quien es el nuevo novio de Maripily. El problema lo causa la seguridad a la que nos hemos tenido que adherir luego de los ataques terroristas del 2001. Esa vaina de quitarse los zapatos, que te hurguen en tus paquetes y tu persona y hacer filas kilométricas en un aeropuerto definitivamente no es para mí. El otro problema con viajar lo ocasionan la mala costumbre y excentricidades de otros pasajeros. En noviembre, luego de unos días perdida en los bosques de pino del “Pacific Northwest” donde vive mi hermano (o sea donde el Diablo pego tres gritos y nadie lo escucho) tuve que dejar el bucólico paisaje y montarme en un avión para regresar a mi terruño. De más esta decir que hasta mis hijos se querían quedar…pero no, el colegio en Guaynabo los esperaba para un bombardeo previo a los exámenes finales y había que sacarlos del cuento encantado. Fue así como termine en un vuelo de escala de Filadelfia a Puerto Rico sentada en lo que parecía un bingo de club de envejecientes de un pueblo de la Isla. Sin querer, me entere de la vida, milagros y padecimientos médicos (con lujo de detalles) de los vecinos de la fila de atrás, unos Boricuas emigrados hace varias décadas. Peor cuando llegamos a Puerto Rico…todos aplaudieron y mis hijos miraron con cara de extrañeza a su alrededor.
El vuelo en particular que tome esta semana procedía de Newark. Si había visto un verdadero circo entre el mostrador de la línea aérea y el área de abordaje, lo que había experimentado era nada comparado con lo que me toco después. Mientras mis compañeros de trabajo se fueron a un lugar en el área de espera lejano al mostrador de abordaje, yo me entretuve absorta en la lectura de un libro justo al lado de este. Estaba en uno de los polos de mi “ser disfuncional”…el mundo se podía caer a mi alrededor y no me daría cuenta. Uno de mis compañeros estaba maravillado que un ser tan ruidoso como yo fuera capaz de tanto silencio y concentración. Pero pasa…menos veces que más veces, pero es una de esas cosas que todavía tiende a sorprender a mi jefe, una década después. Cuando no hago ruido, algo anda mal, según el. El lacrimógeno/fenómeno en ventas de Nicholas Spark estaba en su punto culminante cuando de repente, zas! Me desconcentre! La mujer que se había sentado a mis espaldas y cuya presencia no había advertido se había bañado, nada más y nada menos, que en Alcoholado Superior 70!!!!! Inmediatamente hui despavorida hacia el área donde estaban mis compañeros de oficina y abrí mi boqueta para soltar varios improperios. Una de mis compañeras me urgía que bajara la voz (ella todavía no se ha dado cuenta que yo tengo dos tonos de voz: alto y altísimo, muy a pesar de mis cinco pies y una pulgada de estatura) “Quien p…..as se pone Alcoholado Superior 70 de perfume???” grite. Pero bueno, al menos no me toco sentarme a su lado en el avión y preferiría eso al borrachito que se sentó a mi lado de Orlando a Newark en el vuelo de ida. Para arrematar, mientras dormía profundamente, los pasajeros de las dos filas de al frente me despertaron de mi sueño profundo a gritos por un chiste que uno de ellos hizo y otra persona se rio como si la estuviesen matando (me dijo mi vecina de asiento que ella me vio brincar-literalmente- con los ojos cerrados!).
Una vez pise tierras caribeñas y todos aplaudieron me dirigí a recoger mis maletas al carrusel. Fue allí que advertí que los cabellos que habían llegado lacios al aeropuerto de Newark comenzaban a encresparse ante la humedad dentro del edificio en Puerto Rico. Yo con mis melenas encaracoladas, saque la banda elástica de la muñeca y me hice un repelado como quien no quiere la cosa. Cuando finalmente aparecieron las maletas, luego de 25 minutos de espera, todo el mundo se paro al frente del susodicho carrusel como quien lucha por un espacio para ver a su artista favorito en vivo y a todo color y soporta empujones y codazos… por que hay que ser el primero en salir, no? Y fue allí, en la acera del aeropuerto que tuve mi epifanía…viajar es un espectáculo. El Tercer Mundo-a diario-no luce tan mal…

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1 Response so far »

  1. 1

    gaby said,

    Vamos…vamos…vamos guaynabocitymom…toitos sabemos que le encanta viajar por avion, pues tiene un ” fetish” con los peanuts…manis…manices…maniceses…etc…que le ” obsequian por ir apretadita al lado de un borrachito en asiento de sardina…:)

    Felices viajes en el 2013…todos en BUSINESS CLASS o PRIMERA CLASE…. y para la dama del ” Superior 70″…mire…se frota toita usted con Flor de pacholi…y hacemos el seance en el aire…” no crucen las piernas, por favor”….que el espiritu fluye mejor asi….BOMBA….


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