Pies

feet in yogaLlego descalza al salón de la clase. He dejado mis chancletas de gomas, estilo metedeo’ (o flip flops para sonar más bonito) en la entrada afuera. Pregunto dónde van las carteras y varios dedos apuntan a un pequeño closet sin puerta y varios estantes en la pared de fondo. Saco mi “mat” de yoga y me acomodo en una esquina. No soporto tener a alguien invadiendo mi espacio personal y siempre trato de acomodarme en la esquina. Miro mis pies mientras me estiro como mi gato. Me urge una pedicura…ya van cuatro semanas desde la última. Ella llega con su entourage y su ruido y pone su mat en la fila delantera, pero opuesta a mi. Es la “reina” de la clase. Lo percibí desde que entró a la recepción del estudio. Yo soy la nueva y me siento como de vuelta al salón de séptimo grado de Sister Nora aquel caluroso mes de agosto en la escuela de niñas a la que asistí. Casi todas se conocían de la escuela anterior, yo solo fui con una ex compañera de estudios y a ella le tocó en otro salón. Aquí no conozco a nadie. Pero siempre se distingue la abeja reina. Total…todos somos iguales.
“Si…es que me llamó para hacerme una consulta criminal” vocifera en la recepción al contarle a su acompañante sobre alguna llamada que recibió. Deduzco es abogada.
Suena mi teléfono. Es un legislador. Salgo afuera buscando un espacio para dialogar, pero la puerta abre y cierra como un par de pestañas con el entra y sale de los que van a la clase de Ashtanga. Ella azuza su oído y al escucharme mencionar la palabra “proyecto de ley” me mira de reojo, como queriendo investigar quien soy. Termino la llamada, pongo mi celular a vibrar dentro de la cartera, me despojo de mis chanchletas y entro al salón.
A mitad de clase descubro que domino bien las asanas. Llevaba tres meses sin hacer una clase formal de yoga. Y Ashtanga es una variedad un tanto difícil y que requiere mayor flexibilidad. La “reina” me mira de reojo. La nueva es flexible. Lo que no sabe es que la nueva, es maestra de ejercicios y lleva 12 años haciendo yoga intermitentemente. Lo de intermitente ha sido por embarazos, crianza, divorcio, mudanza y un horario de locos mientras se manejan trabajo, niños y quehaceres del hogar.
Miro mis pies. Todos somos iguales. Unos más flexibles que otros. Pero todos somos iguales, buscamos paz, buscamos bienestar…liberar las tensiones y los nudos en nuestras espaldas. Aquí adentro no hay espacio para la quiebra del país….no se puede pensar en un nuevo impuesto….todo se centra en la sincronización de la respiración y las asanas.
Termino la clase empapada de sudor. La reina y su entourage no me intimidaron..más bien creo que ella quedó intimidada. Me muevo a regresar mis bloques y recoger mi mat. Me presento con la muchacha que estaba en el mat frente al mío. Conectamos la mirada y las casi ganas de reírnos cuando hacíamos la pose del árbol. Tiene el pelo rizo como yo.
Regreso a buscar mis chancletas rosadas afuera. Camino. Los pies me guían de vuelta al auto, estacionado en este “strip mall” de la suburbia guaynabeña. De camino a la realidad. Esa que busco escapar por hora y media en un mat de yoga.

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