Desmadre

gata y gatitoHace unos días leía una carta de la escritora chilena Isabel Allende a sus hijos la cual una amiga puso en su muro en Facebook. En esta, la autora relata la difícil tarea de ser madre y cuan exaltada ha sido una labor que a veces pasa desapercibida y que no es tan romántica y glamorosa como la pintan. Eso me dejó pensando en una conversación con una amiga de universidad a quien me encontré recientemente en un juego de soccer de nuestros hijos. Mi amiga-una ex ejecutiva bancaria educada en mi misma alma mater en Estados Unidos- ahora se dedica a ser madre. Su vida transcurre entre prácticas de deporte, la organización de la vida familiar y un sinfín de tareas entre las que se encuentra manejar un pequeño negocio propio. Esta mañana ambas situaciones hicieron una colisión mental cuando como loca desquiciada intentaba hacer unos pancakes de calabaza a la vez que planchaba los uniformes, colaba café, le servía desayuno al minino y atendía a uno de mis canes, quien se negaba a salir de la cocina (sospecho que quería pancakes). Fue entonces cuando me di cuenta que ser madre es un desmadre. La maternidad es caos asegurado. Llevo casi 20 años como ejecutiva de esta industria maternal y 21 años como relacionista profesional. Aunque he logrado la convivencia (semi exitosa) de ambas, no he estado excenta de momentos en los que he cuestionado mi capacidad maternal o mi raciocinio profesional. Si puedo decir que las destrezas de delegar y organizar cien cosas a la vez, la cual empleo en la oficina, me han ayudado en el hogar y mi capacidad de transar una pelea entre hermanos por un juguete ha sido tan exitosa en la casa como en un impasse en una reunión. Las madres desarrollamos capacidades extraordinarias que nos hacen inagotables. Salimos de la casa arregladas a las 7:30 am y a las 9:00 pm todavía seguimos con la misma ropa luego de días maratónicos de reuniones, en la calle o en la oficina.

Veo los anuncios que presentan fotos o videos tiernos de mamás con bebés y me pregunto si alguna vez mis peques y yo lucimos así. La maternidad es la madre de las imperfecciones. Recuerdo estar vestida de punta en blanco a punto de salir a la oficina con mi hijo más pequeño en brazos y recibir un vómito de proyectil en mi chaqueta acabada de sacar de la lavandería. Confieso que en esos momentos lo que pasó por mi cabeza fue ¿cómo fue que se me ocurrió parir otro muchacho? Cambié pañales en el baúl de mi guagua muchas veces y otras tantas corrí pañal en mano buscando el primer zafacón donde buscar dejar la bomba que alguno de mis hijos me había dejado de regalo en el pañal y un baño para lavar mis manos justo cuando nos bajábamos del auto en el centro comercial. Limpié vómitos cuatro veces corridas y varios car seats vomitados y orinados en pleno tapón matutino.

Ser madre es dejar de ser una. Te conviertes en la mamá de fulanito….llegas a las fiestas de cumpleaños y ya no te presentas como fulana de tal, eres la mamá de fulanito…Ruegas para que la fiestas de cumpleaños duren hasta que tu hijo queme todas sus energías y lo puedas acostar agotado. No hay canción de Barney, Atención, Atención o del Mickey Mouse Club House que no haya memorizado. Tampoco olvidaré las letras de Belinda en Cómplices o de Rebelde, las cuales tuve que memorizar cuando mi hija casi adulta entró en plena adolescencia. Pierdes tus gustos propios….olvídate de poner las noticias o tu estación favorita de música en el auto. Ahora mi pasajera delantera-que tiene 12 pa’ 15-enchufa el Ipod y luego de una pelea con su hermano-relegado al asiento trasero-como de cinco minutos sale un mix de Justin Bieber en la bocina para así matar las pocas neuronas que me quedan vivas gracias a las grandes dosis de cafeína. Eso sí, soy la instructora de Spinning más al día en oferta musical, asunto que no ha pasado desapercibido por otra instructora que vive con la aplicación de Shazam abierta en mis clases.
Los hijos aportan una perspectiva única en nuestro desarrollo como seres humanos. Esas criaturas indefensas que salieron de mi vientre pesando 7,9 y 8 libras respectivamente me han ayudado a madurar y a crecer. De una forma acelerada y vertiginosa… A veces soy amable y amorosa con ellos, y en otras ocasiones soy una gritona (según ellos) que lo único que desea es un baño caliente al final del día y su cama llena de almohadas en vez de estar canteleteando para que terminen la tarea. Son muchas las veces que no he querido estudiar con ellos, lo confieso. Y se los digo: Ya yo fui a la escuela 18 años de mi vida( sin contar el pre escolar) ahora es tu turno! Estudié hasta la escuela graduada y en honor a la verdad estudiar hoy día me da pánico. Por que hasta los métodos de enseñanza cambian!!!! Yo aprendí a sumar y a restar de una forma y ahora lo hacen de otra, no importa que el resultado sea igual. Sin embargo, respiro hondo y agarro el libro a memorizar nuevamente algo que se supone yo conozca pero que solo está archivado en los anales de mi memoria. Por ellos uno aprende a sacrificar muchas cosas, y a trabajar hasta el cansancio para que nunca les falte nada.

Ser madre es hacer malabares para que todos tengan lo que quieren y te mantengas dentro de un presupuesto…así tengas que almorzar en tu casa todos los días por el resto del año contar que fulanita vaya al viaje de Europa al que va toda su clase o al viaje del equipo deportivo al que pertenecen, así estés horas largas atendiendo una cantina y llegues a tu casa y te toque cocinar y tu ni la estufa no quieras tocar.

Con cada parto mi vida se tornó menos glamorosa. Perdí mi libertad. Pero he ganado una vida llena de aventuras, cuentos de mis hijos, anécdotas y muchas risas. Con ellos he desarrollado destrezas de vida como el instinto a la supervivencia y superpoderes como hacer cuatro cosas a la vez con tres horas de sueño. Ser madre es mucho más que amamantar un bebé. El caótico desmadre de la maternidad te requiere que te conviertas en la mejor amiga de tu hija casi adulta y hablen por chat mientras estás en un conference call, en la psicóloga de tu pre adolescente, en la cheerleader de tu hijo varón (así estés achicharrándote, sudando la gota gorda bajo el sol y pierdas la voz), en amiga del novio de tu hija, en madre adoptiva de todos los amigos de ellos y tu casa en el centro de jangueo y tertulia por excelencia.

Ser madre es mucho más que cicatrices de césarea. Son amanecidas con una hija fiesteando, la misma por la que pasé muchas noches de desvelo en un hospital cuando era bebé o acompañándola en algún proyecto descomunal de un maestro desconsiderado que no entiende que los niños deben dormir y los padres tienen que trabajar.

Cuando hace dos décadas me encontraba,un día como hoy, disfrutando de ver mi vientre crecer en mi primer embarazo jamás imaginé dónde estaríamos. Soñaba con ver a mi hija nacer saludable y vestirla como una muñeca. Nació saludable, pero no aguantó mucho vestida de muñeca ni yo tuve la paciencia para insistir. No soñaba con mucho en aquella época. La llegada de cada hijo me ayudó a ser más organizada y a luchar más duro por cada meta. Ha sido un desmadre…que disfruto y seguiré disfrutando junto a ellos!

Anuncios

1 Response so far »

  1. 1

    Marielisa said,

    Me encantó tu artículo. Cuánta razón tienes. Por más que uno ame a sus hijos y sepa que son una gran bendición en nuestras vidas, esta tarea resulta abrumadora. ¡Y cómo, jaja! ¡Yo solo pido paciencia todos los días!


Comment RSS · TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: