Primates

image.jpegLa cuesta de la Carretera #2 de Aguadilla a Mayaguez divide mi vida con una línea imaginaria. Lejos de los estresores diarios, la vista a la costa me invita a descansar. Ya andando por la carretera #115 siempre abro el “sunroof” de mi auto (solo una vez tuve auto sin “sunroof” y me sentía encerrada en la caja de lata), respiro profundo y emprendo la travesía al lugar donde generalmente recargo mis baterías. Las raíces llaman. Poseída por una fuerza que reside en mi ADN es aquí donde me siento a gusto…en casa. No, no es que reniege de mi amado Guaynabo City. Es que mi ADN y las circunstancias de vida son diferentes. Fue por el puerto de Aguada que llegaron mis antepasados al Caribe y se estableció la familia materna, pero ha sido en la suburbia añorada por muchos donde he forjado casi toda mi vida.
Esta vez, con la polla mayor jincha como un papel tras el invierno norteño, y hastiada de la juerga navideña busqué sosiego con mi prole en plena temporada de olas altas en el oeste. Esa temporada que invita a otros que como hija, necesitan sol. Ellos foráneos, nosotros locales. Pero con el mismo fin, disfrutar lejos del bullicio. Esta vez me acompañó un libro que agarré a último minuto. Acababa de devorar en cuestión de tres días El Amante Japonés de Isabel Allende y la playa requiere de una lectura más liviana. Fue así como tomé Primates of Park Avenue, la memoria de una antropóloga, que fue el furor del verano y la que mi hija compró y abandonó tras varias páginas. Recuerdo que cuando el libro salió a la venta hubo todo tipo de comentario sobre su veracidad, ya que aparentemente la autora tegiversó los hechos y las fechas. En este aborda los ritos y costumbres (o vida y milagro, como diríamos acá) del exclusivo grupo de mujeres que vive en el Upper East Side de Nueva York. La autora pasa de observadora a actora, al insertarse y convertirse una misma de esas mujeres. Ficción o realidad, lo cierto es que la autora se apuntó tremendo negocio cuando MGM le compró los derechos de autor para convertirlo en película.
¿Y que tienen que ver las Primates de Park Avenue con tierras borincanas? Mucho, diría yo. Recientemente, mi mejor amiga (que vive fuera del país) me anunció-como si se tratara de un gran evento- que su ex vecina se había mudado de su casa en Río Piedras a Torrimar, y de paso había matriculado a los niños en una escuela de niñas y de varones, respectivamente. “Wow, ahora es toda una guaynabita” me dijo…por poco la mato, por que ella sabe que detesto el término. En nuestro entorno no hay Park Avenue, pero hay Ramírez de Arellano Avenue. La vida de un sector social enclavado geográficamente por nacimiento o movilidad en ese lugar, seduce a más de uno y lo invita a imitar. Son muchos los “guaynabe” que no residen en Guaynabo. Como diría mi hija mayor: Ser de Guaynabo, es un estilo de vida. Aspiracional, le añadiría yo. Lejos de ser antropóloga, soy comunicadora. Pero los años estudiando Semiótica (la ciencia que estudia los signos) en la escuela graduada afinaron mis ojos para discernir quien es y quien no es en realidad. Lejos de sonar pretenciosa, ni pasar juicio, el alejarme de mi entorno, me permite recalibrar y observar otras conductas, que sirven como variables a la norma social en la que me desenvuelvo. Contrario a la autora del libro, no llegué de afuera, vengo de adentro. He aquí mi análisis de la primates de la Ramírez de Arellano: Todas son flacas…flaquísimas. Desean esconder las carnes que la mezcla única de ADN boricua les dio. Nadie quiere tener caderas de caldero, ni mucho menos el fondillo como el de la Chacón. Al suroeste de San Patricio se estila llevar un cuerpo delgado, estilizado, no importa la estatura. Sea muriéndose de hambre con Jenny Craig o ensaladas super caras de Ponte Fresco, el cuerpo “de rigeur” no puede tener una onza de chichos. La grasa se quema corriendo por la Ramírez o en el parque de Torrimar, en clases de XCO, Spinning. Los músculos se esculpen en clases de yoga, Pilates o Barre. Nada de pesas. Como si no fuera poca semejante tortura, la piel se cuida con el mismo esmero. El Botox ya no es nada nuevo y el Restylane cosas del pasado. La belleza cuesta. Los números de cirujanos, dermatólogos y esteticitas son compartidos como pastillas para el dolor de cabeza. En mi penúltima visita a la clínica del Dr.A (si ese bien famosito…que se anuncia en vallas en la Martínez Nadal) me encontré un espécimen masculino/metrosexual de mi clase de yoga… El cabello se lleva claro como si tuviésemos ascendentes nórdicos y mientras más rubio, mejor. Pero mejor todavía es si sus niños son rubios naturales, no de beauty, como la madre. No entiendo la fascinación de algunos con los cabellos dorados. Los que tenemos pigmentación clara vivimos un suplicio a la hora de oscurecer el cabello (el cabello rubio envejece…y acentúa las facciones (entiéndase la nariz africana)….
Tanto en Park Avenue como en Guaynabo, la escuela de los hijos (dentro o fuera del municipio) define a los padres. Estas se dividen en las tradicionales coed (Marista, Rosabel, American Military, Perpetuo, etc), de nenas (San José, CPN, María Reina), de varones (San Ignacio, San José) o las americanas (Baldwin,St. John’s, Tasis, Robinson). Muchos padres utilizan esto como carta de presentación como si esto le fuese a abrir las puertas del cielo de la movilidad social o sus hijos fuesen a formar parte de la realeza. No niego que asistir a estas escuelas establece lazos de por vida. Pero es la filosofía de estas escuelas y los recursos a los que tiene acceso el estudiante es lo que pudiese ayudarle en forjar una buena carrera. Igual sucede con las universidades. Si uno de los hijos no estudia en Estados Unidos, no estás en nada…en ningún mapa social.
Guaynabita o guaynabe…todas guiamos guaguas grandes. Donde quepa toda nuestra prole, los amigos y las siete mil cosas con las que cargamos, entre estas la compra de Costco….lugar de avistamiento predilecto en suburbia. Aunque últimamente, el Mall of San Juan se ha convertido en otro destino favorito y por ende lugar de encuentro, a pesar de quedar casi en la colindancia con Carolina. La cartera para acompañarnos en esta y cualquier excursión (inclusive al supermercado) puede ser cualquiera que asemeje un zafacón excepto Coach o Michael Kors, por lo copiadsa que están. Observaba mi hija el verano pasado (mientras trabajaba en un campamento) que la cartera “in” entre las primates de Guaynabo City era el modelo Neverfull de Louis Vouitton. La carterita cuesta la módica suma de $1,600. Y no, el 99% no eran fake (si quiere un curso sobre como distinguir una fake de una verdadera, dese una vueltecita por la tienda de Mall of San Juan).
Los primates de Guaynabo no vacacionan con frecuencia en los Hamptons ni en el Cape. Mucho menos en Martha’s Vineyard. Tampoco van a algún centro vacacional del gobierno, Dios los libre. Se dividen en categorías. Están los que tienen apartamento de playa en cualquiera de nuestras costas. Estos se dividen en subgrupos. Está el grupo de los que tienen apartamento en Palmas o en Río Mar. Estos son clase aparte, ya que tienen su propia claque y se identifican a si mismos así fuera de los confines playeros. Está el que toma un avión cada vez que puede y se va de las tierras borincanas y pregona en Facebook que está en el terminal del aeropuerto rumbo a Nueva York, Madrid u otro destino que NO sea Orlando (esto es lo máximo de la no-cultura). Otros tienen su bote y simplemente arrancan “a las islas” (como si no vivieran en una) luego de abastecer su casa flotante con una compra de Sam’s y Costco con suficientes víveres y alcohol para suplir un pequeño ejército. Las marinas se convierten en punto de referencia y encuentro social fuera de los confines de suburbia. ¿Tienes el bote en Lajas? Que mal te va, si no está en Fajardo nadie te conoce, parece ser la consigna. Y aquel que se atreva a afear la urbanización con un bote al frente de la casa o en la marquesina recibe una cartita de amonestación de la asociación de residentes. Esto inmediatamente denota su mal gusto y su escasez de fondos monetarios.
Debo confesar que disfruté tanto de la lectura de las Primates de Park Avenue, que logré estado de nirvana total mientras escuchaba las olas del mar y comparaba mentalmente los especímenes afluentes del norte con los primates que residimos en Guaynabo. Pero como todo llega a su fin, terminé mi libro justo a tiempo para volver a cruzar la línea imaginaria que me trae de vuelta a la realidad diaria. Esa, que con suerte, escapo cada cuatro a seis semanas…cuando me alejo de las calles de Jardines Garden y su complicada jerarquía social.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: