Invisible

Invisible Mujer
Es la cruel realidad…padezco del síndrome de la mujer invisible. Las señales han sido de lenta aparición pero un día me desperté y BOOM me di cuenta que esto era lo que me aquejaba. Todo comenzó atando cabos y tras una larga conversación virtual con una amiga periodista. Una vez las mujeres-particularmente las que no estamos en una relación y somos madres- entramos a la cuarta década…nos volvemos invisibles. Que conste que las mujeres invisibles pueden ser supermujeres. Una condición no es independiente de la otra. Es precisamente ser supermujer lo que agudiza la cosa.

Hace unos años tenía una compañera de trabajo. Muy bonita ella…brillante con B mayúscula, exitosa en su carrera, de buena figura y madre de dos niños. Pues ella se quejaba que ni los trabajadores de la construcción ya le pitaban. En pleno divorcio y con el autoestima por el piso por que el marido le había pegado los cuernos con una mujer más joven, se lamentaba que ya sus encantos no eran lo suficientemente atractivos para llamar la atención del sexo opuesto. En ese momento a mi el comentario me pareció gracioso por que a pesar de yo estar embarazada, al cruzar al estacionamiento frente al edificio escuchaba ocasionalmente “mami, vente que cuando salgas de ese te hago otro”. En ese momento me parecía vulgar, chabacano y grosero. Hoy me doy cuenta que estaba en la cúspide de mi etapa hormonal con el brillo (y las libras e hinchazón) que otorga la tercera década y un embarazo. Pero como todo en la vida, mi etapa hormonal llegó a su fin. La naturaleza es sabia, es por eso que la medicina le pone a la mujer los 35 años como la edad hasta la cual puede llevar un embarazo sin mayores riesgos, pruebas y pinchazos.

Pero la vida me sorprendió al final de mis 30 y justo hace cuatro años, cuando el Sr. P agarró sus bártulos y se fue, me quedé sola. Abrazé los cambios, primero con dolor, pero luego vi una puerta abierta hacia una mejor vida. Ya no tendría que soportar sus neuras y berrinches de niño grande, tampoco lavar ni planchar su ropa. La cama sería para mi sola y ya no tendría excusas para hacer lo que me diera la regalada gana con mi tiempo libre. Pero con la libertad, llegó no solo la paz, también poco a poco llegaron los primeros síntomas de la invisibilidad.

Ya no tenía que medir mis palabras, realmente me había ganado licencia de opinar sobre lo que me diera la gana. Ese fue el primer gran síntoma. Los hombres de mi edad y en general, prefieren a mujeres menos estridentes en sus gustos y palabrería. Entiéndase, no les gusta que tengas muchas opiniones y hables malo. Si…decir palabras soeces puede ser un acto de liberación. Sea en Facebook o en público. No….ojo, no se trata de ser vulgar. Pero una expletiva de vez en cuando no hace daño, sobre todo si es en una conversación del tema por el cual tengas pasión. Por que las mujeres invisibles somos apasionadas…para el amor, para las causas que defendemos, para la política, etc.

El segundo síntoma fue el no hacer una entrada espectacular a todos sitios. Soy realista, soy pequeña. Y no…no es un acto narcisista. Pero cuando existía Friday’s en San Patricio allá para 1992-1993 recuerdo que iba y no pagaba nada en toda la noche. Me acercaba al primer incauto en la barra y en tres segundos tenía un trago en la mano y un plato de picadera. Me agradaba sentirme como botín de guerra ya que alimentaba mi vanidad femenina. Pero hoy día por más horas que de o haga de clases de ejercicio, me vista con un traje de vitrina y tacas de stripper, si voy a una barra se me pega generalmente algún doñito y no…esa NO era. Ya tener un buen cuerpo no basta. Hay muchas cuarentonas cueretonas en la calle y pocos hombres funcionales disponibles. Tampoco padezco del síndrome de experimento de la NASA (léase cohete) así que lo mío no es exhibir mi cuerpo en la menor cantidad de fachas. Gracias a Dios poseo una gran dosis de realidad y para colmo no me gusta hacer el ridículo.

El tercer síntoma es darte cuenta que tu cara ya necesita Botox, Restylane y que probablemente ni con una cirugía logres parecerte a la mujer que eras joven cuando en tu vida no habían ocurrido tantas decepciones, malos ratos y desastres. De hecho, el pre requisito de una mujer invisible es haber tenido alguna relación tan fallida, amarga o disfuncional en la vida que le ha robado el brillo de la mirada, temporalmente o de por vida, y esto se refleje en su rostro. Te miras y te miras al espejo y ya no te ves como las mamás más jóvenes del salón de tu hijo menor. Es más, escuchas sus conversaciones insulzas y quieres salir corriendo y desaparecer. Pero allí estás, tres horas mas tardes entre si y no, escuchando sus cuentos con cara de extraterrestre.

El cuarto síntoma es que te traten de señora, doña y usted, sobre todo si es un caballero. Uno sabe quien lo hace por respeto y quien ya te considera ítem de colección ochentosa y noventosa. Nada más amargo que un hombre guapo y no muy mayor que tu te trate de usted o Doña. Por que los hombres a pesar de viejos, barrigones y poco atractivos, siempre buscan una Barbie. Son criaturas visuales. Y ellos podrán no ser Ken, pero si tu no eres una Barbie andante, ya te catalogan de vieja recalentada y te tratan de usted.

El quinto síntoma, es que seas autosuficiente. Ya nadie te paga nada. Te compras lo que quieres, cuando quieres. Te vas de vacaciones cuando te parece y no le rindes cuentas a nadie. Nada más conducente a la invisibilidad que la autosuficiencia económica y el éxito profesional. No le debes nada a nadie, por ende no estas a la caza de nadie a quien impresionar o que te pueda mantener. Muchas se ven bien puestas, andan bien arregladas por ende tampoco eres magneto para conversación. La autosuficiencia grita “soy cara” y nada más detrimental para el sexo opuesto que una mujer de gustos exquisitos, que amenaze su bolsillo proletario dividido ya de por si entre pensión alimenticia y sus gastos. Este tipo de mujer es la kriptonita de muchos…

El sexto síntoma es que ya nadie te abre una puerta o la sujeta para que tu pases. Mas de una vez, me quedado con la cara a punto de estrellarse en una puerta por que un hombre la abrió antes que yo y siguió de rolo sin percartarse si quiera que una mujer iba tras el. La caballerosidad desaparece para las mujeres pasadas de 40. A menos que estes casada, sea tu pareja, o un hombre con modales, la gran mayoría si no llevas falda o escote con abundante tetaje, ni tienen un gesto contigo.

Alguna literatura médica e investigativa ha definido la cuarta década como la aniquilación simbólica de la mujer. Ningún lugar como Hollywood para recordarnos que si pasas de los 40 eres una “vieja”. Aunque en los últimos años hemos visto como una JLo, Sofía Vergara o una Nicole Kidman o tal vez una Jennifer Aniston parecen desafiar esta última premisa, no es la norma. Los hombres como Robert Redford o Kevin Costner todavía pueden generar suspiros entre una audiencia. Lo mismo no es así para Meryl Streep o Susan Sarandon. Y seamos realistas, JLo, la Kidman y la Aniston tienen dinero para hacerse cuanta cirugía aparte que exceptuando por Sofía Vergara y JLo, ya las demás no son consideradas para el papel de “damita joven” como le decía mi abuela a las actrices con el brillo de la juventud. Estas actrices son mujeres que han comenzado ya a hacer papeles de mujeres maduras como abuela o madres de hijos adultos.

Así que una vez aceptada mi realidad de mujer invisible, sigo campeando por mi respeto, recorriendo la vida, abriéndome yo misma la puerta…enganchándome el bikini que me de la gana ya que mucho me he jodido en el gym y corriendo los domingo en la mañana. Me importa un rábano si se me ve un chicho, celulitis, estrías.. si tengo opiniones que no le gustan a algunos hombres o si soy más inteligente que uno. Hay grandes beneficios en ser una mujer invisible…por que como dice Larry, ese gran filósofo de Men and The City (el paso de comedia del Show de Raymond Arrieta)…las doñitas saben…

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