Palabras

Postal
Las frases estaban dispersas sobre la grama. Con cada paso adivinaba que aquello no era una nota rota escrita sobre papel grueso. Se me hacían muchas palabras para una lista de compra o una lista de cosas por hacer. Un pedazo de sobre rosado más adelante, advertía que se trataba de una postal o tarjeta. Unos pasos sobre la acera más me llevaron a detectar un pedazo de una frase y la imagen de un corazón. Mientras los camiones y los vehículos transitaban apresudaramente por la vía, yo iba despacio, recibiendo con cada paso una bofetada de hollín. Ni el ruido ensordecedor ni el caliente sol del incipiente verano me detenían de adivinar las piezas de aquel rompecabezas que encontré mientras caminaba. Era una carta compuesta por largas frases y oraciones. La letra, empuñada en bolígrafo azul, era cursiva y limpia. Por los pedazos encontrados adiviné que era una carta de una mujer a su pareja. Una carta de amor…algo que ya casi nadie escribe. ¿Por qué romperla en mil pedazos y tirarla en plena via de rodaje? ¿No se supone que uno guarde las cartas de amor? ¿Será que el advenimiento de la tecnología ha borrado para siempre de nuestras actividades el desbordar nuestros sentimientos en un pedazo de papel?

He leído sobre grandes historias de amor que no se basaron en un compartir diario, pero más bien en cartas que dos enamorados se enviaban ultramar. Otras que aguardaron muchos años para ser descubiertas, ya por que fueron ocultadas o simplemente nunca llegaron a su destinatario o destinataria. Ya casi nadie se toma el tiempo de escribir lo que pasa por su mente y espíritu esperando encontrar resonancia en la otra persona. No recuerdo cuando fue la última vez que me senté a escribir una. ¿En la universidad? ¿Cuándo me enamoré del padre de mis hijos pequeños? Tengo vagos recuerdos de misivas y postales escritas. De las recibidas, guardo algunas, especialmente las tarjetas por el Día de San Valentín o el Día de la Madre. No son cartas de amor. Nunca las releo. Las más significativas me acompañan en mi escritorio en la oficina y han sido escritas por mis hijos y mi hermano. Las de mi hermano son fiel testamento a los obstáculos superados y su felicitación a mi persona por fechas especiales, que marcan el paso de nuestras vidas en un calendario rítmico anual. De esas tengo dos que me encantan. Siempre he dicho que la persona que mejor me conoce es mi hermano. Sus mensajes son sencillos y puntales: Behind every successful woman is herself y I could never forget the birthday of someone as special as you…Aunque los mensajes no son llamativos, las gráficas y fotos que le acompañan si lo son. Ambos incluyen joyas, carteras, gafas, gatos y los colores rojo y rosado. Las de mis hijos incluyen dibujos y más dibujos. Pocas palabras. Se cuanto me aman mi hermano y mis hijos. No necesito palabras para recordarme día a día, que a pesar de la distancia de mi hermano y mi hija mayor y los mensajes de texto con un escueto “Mami te amo”, existe un sentimiento que unas oraciones no pueden capturar.
Al final…las palabras se las lleva el viento…pueden acabar en la grama, en la acera o en el vertedero.

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