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El verano llega a su fin y con este mi nevera toma un respiro del abre y cierra despiadado de mis hijos que en vez de niños parecen polillas…arrasan todo a su paso. Esta época del año trae incontables viajes a Sam’s y a Costco con paradas casi diarias en el supermercado o en la farmacia. En algún momento del verano pensé que vivía con una nueva especie: osos en hibernación atrapados en cuerpo de niños con el estómago de una polilla. Pienso que ponerle un candado a la nevera no es mala idea, a ver si la pobre toma unas vacaciones de la hambruna de mis hijos. Las vacaciones de verano me dan un respiro de unas cosas (madrugar…) pero me vuelven esclava de otras (cocinar, ir por víveres, la desorbitada cuenta de AEE). De lo que no he podido tomar un descanso completo es de la eterna conversación en el chat de WhatsApp de la clase de mi hijo menor. Los chats son males necesarios en esta vida moderna donde somos esclavos de los teléfonos y aparatos electrónicos. Antes yo llamaba a mis amigas por teléfono regular (de línea) si quería salir o encontrarme con alguna. Si era más de una amiga, la cosa no pasaba que fuésemos tres y hubiese que hacer varias llamadas. Ahora, mi hija mayor hunde un botón y ahí en un segundo y por arte de magia aparecen conversaciones instantáneas donde ni emisor ni receptor interactúan a no ser por la cajita cuadrada que controla nuestras vidas.
A mí la vaina esta de los chats me saca de quicio. Nada más desesperante que estar trabajando y escuchar mi teléfono sonar y sonar incesantemente con mensajitos y emoticones de gente que parece que no tiene nada que hacer con su vida en ese especifico momento. Peor es cuando doy clase de ejercicio. He tenido que desistir de usar la música en la fonoteca de mi celular para sacar el viejo Ipod, que ya es una reliquia. Así nada baja el sonido de la música o interrumpe mi clase…porque así este en MUTE o en opción de silencio…el bendito teléfono se las ingenia para enviarme notificaciones. A veces parece que el teléfono esta poseído. Ni hablar de los chats en los que añaden a uno…forzosamente. Mejor ni empiezo. Simple y llanamente le doy abandonar grupo y me voy. Soy apática a este tipo de comunicación. Si bien prefiero hablar con la persona, hay con algunas personas con las que mantener una comunicación por el chat es algo que no me molesta. Pero estos chats de más de dos o tres personas me sacan de quicio. A principios de verano pensé que el interminable chat se terminaría…cual sería mi sorpresa que todo el verano se ha mantenido activo. Algunos días más que otros. Abandonarlo suena como una opción tentadora. Sin embargo, luego comienza el semestre y me siento perdida pues todo se discutió en el chat. El año pasado lo abandone en mayo, solo para darme cuenta de que me habían añadido en agosto…

Lo mejor es cuando decido meterme en la conversación y darles mi sincera opinión…se silencian por par de días…He sospechado que no soy un personaje muy popular en ese chat por no caer en las trampas de la condescendencia y aterrizar a unas cuantas a la realidad social de nuestro país. Creo que a estas alturas vivir enajenado no es una opción y pensar más allá de las fronteras de Guaynabo y la consabida burbuja mental es algo a considerar. Creo que la tecnología facilita esa desconexión al no fomentar la conversación.

Para variar en días recientes salí con los niños a cenar a un restaurante en el vecindario a apaciguar su hambre casi canina mientras me declaraba en separación total de estufa y olla. Al tratar de entablar conversación con ellos, solo la mayor pudo conversar conmigo sobre las recientes escaramuzas del Norte ya que los peques parecía que traían el teléfono conectado cual cordón umbilical. De inmediato ordene que hiciéramos una tregua y celulares al lado en lo que compartíamos durante la cena. Este es el último verano de la polla mayor como universitaria y en par de semanas regresará al gélido MidWest donde seguro estará contando los días en noviembre para regresar al bochorno tropical de Guaynabo. Quiero que mis hijos puedan conversar entre ellos, aunque la tecnología los ayude, y fortalecer los lazos familiares. Hoy no sabemos si ella regrese a Puerto Rico a ejercer su carrera. A ese chat jamás podre darle MUTE.

Mientras tanto…entre listas interminables de regreso a clases y contando los días para que la nevera permanezca cerrada algunas horas seguidas, sigo esperando ansiosa las elecciones dominicales donde mi pueblo elegirá a su nuevo alcalde luego de la caída en desgracia del arquitecto de la ciudad de las rotondas. Creo que el verano tendrá un fin memorable en Guaynabo City…

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6 comentarios so far »

  1. 1

    Carla said,

    Como me sacan esos chats que la gente te añade sin avisar. Ni hablar de mensajes en cadena que envían. Oh Dios. Buscaré la forma de silenciar los mensajes.

  2. 3

    glory lopez said,

    Me he reido!! A mi me pasa lo mismo!!! Tengo varios chats en mute!!

  3. 5

    Little Myah and Me said,

    A mi tampoco me gustan los chats de muchas personas. Mi esposo estaba en un grupo que le agotaba la bateria al celular rapido pprque en una hora podia tener cientos de mensajes.


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