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Chat

meme chat
El verano llega a su fin y con este mi nevera toma un respiro del abre y cierra despiadado de mis hijos que en vez de niños parecen polillas…arrasan todo a su paso. Esta época del año trae incontables viajes a Sam’s y a Costco con paradas casi diarias en el supermercado o en la farmacia. En algún momento del verano pensé que vivía con una nueva especie: osos en hibernación atrapados en cuerpo de niños con el estómago de una polilla. Pienso que ponerle un candado a la nevera no es mala idea, a ver si la pobre toma unas vacaciones de la hambruna de mis hijos. Las vacaciones de verano me dan un respiro de unas cosas (madrugar…) pero me vuelven esclava de otras (cocinar, ir por víveres, la desorbitada cuenta de AEE). De lo que no he podido tomar un descanso completo es de la eterna conversación en el chat de WhatsApp de la clase de mi hijo menor. Los chats son males necesarios en esta vida moderna donde somos esclavos de los teléfonos y aparatos electrónicos. Antes yo llamaba a mis amigas por teléfono regular (de línea) si quería salir o encontrarme con alguna. Si era más de una amiga, la cosa no pasaba que fuésemos tres y hubiese que hacer varias llamadas. Ahora, mi hija mayor hunde un botón y ahí en un segundo y por arte de magia aparecen conversaciones instantáneas donde ni emisor ni receptor interactúan a no ser por la cajita cuadrada que controla nuestras vidas.
A mí la vaina esta de los chats me saca de quicio. Nada más desesperante que estar trabajando y escuchar mi teléfono sonar y sonar incesantemente con mensajitos y emoticones de gente que parece que no tiene nada que hacer con su vida en ese especifico momento. Peor es cuando doy clase de ejercicio. He tenido que desistir de usar la música en la fonoteca de mi celular para sacar el viejo Ipod, que ya es una reliquia. Así nada baja el sonido de la música o interrumpe mi clase…porque así este en MUTE o en opción de silencio…el bendito teléfono se las ingenia para enviarme notificaciones. A veces parece que el teléfono esta poseído. Ni hablar de los chats en los que añaden a uno…forzosamente. Mejor ni empiezo. Simple y llanamente le doy abandonar grupo y me voy. Soy apática a este tipo de comunicación. Si bien prefiero hablar con la persona, hay con algunas personas con las que mantener una comunicación por el chat es algo que no me molesta. Pero estos chats de más de dos o tres personas me sacan de quicio. A principios de verano pensé que el interminable chat se terminaría…cual sería mi sorpresa que todo el verano se ha mantenido activo. Algunos días más que otros. Abandonarlo suena como una opción tentadora. Sin embargo, luego comienza el semestre y me siento perdida pues todo se discutió en el chat. El año pasado lo abandone en mayo, solo para darme cuenta de que me habían añadido en agosto…

Lo mejor es cuando decido meterme en la conversación y darles mi sincera opinión…se silencian por par de días…He sospechado que no soy un personaje muy popular en ese chat por no caer en las trampas de la condescendencia y aterrizar a unas cuantas a la realidad social de nuestro país. Creo que a estas alturas vivir enajenado no es una opción y pensar más allá de las fronteras de Guaynabo y la consabida burbuja mental es algo a considerar. Creo que la tecnología facilita esa desconexión al no fomentar la conversación.

Para variar en días recientes salí con los niños a cenar a un restaurante en el vecindario a apaciguar su hambre casi canina mientras me declaraba en separación total de estufa y olla. Al tratar de entablar conversación con ellos, solo la mayor pudo conversar conmigo sobre las recientes escaramuzas del Norte ya que los peques parecía que traían el teléfono conectado cual cordón umbilical. De inmediato ordene que hiciéramos una tregua y celulares al lado en lo que compartíamos durante la cena. Este es el último verano de la polla mayor como universitaria y en par de semanas regresará al gélido MidWest donde seguro estará contando los días en noviembre para regresar al bochorno tropical de Guaynabo. Quiero que mis hijos puedan conversar entre ellos, aunque la tecnología los ayude, y fortalecer los lazos familiares. Hoy no sabemos si ella regrese a Puerto Rico a ejercer su carrera. A ese chat jamás podre darle MUTE.

Mientras tanto…entre listas interminables de regreso a clases y contando los días para que la nevera permanezca cerrada algunas horas seguidas, sigo esperando ansiosa las elecciones dominicales donde mi pueblo elegirá a su nuevo alcalde luego de la caída en desgracia del arquitecto de la ciudad de las rotondas. Creo que el verano tendrá un fin memorable en Guaynabo City…

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Mía

gata y gatito

“Me encanta cuando estamos tu y yo solas. Sin L (niño menor) y sin P (hija mayor…la adulta de la casa). La pasé super.”

Las palabras de mi hija del medio- con 13 años y entrando en la adolescencia-salieron de su boca mientras guiaba de Ponce a Guaynabo luego de un día de trabajo atendiendo público en un centro comercial. El verano siempre me proporciona la oportunidad que me acompañen a algún evento para que puedan comprender un poco mejor ciertos aspectos de mi trabajo.

“Ayyy que felicidad y que paz sin L y sin PC (Hija del Medio) en esta casa”
Con estas palabras la adulta de la casa-y de visita veraniega-describe los momentos que disfruta de mi compañía exclusiva. Ella, la que ya no vive en casa y pronto comenzará el último tramo de la carrera universitaria, reclama a mami como si fuera una chiquita de vez en cuando.

“Qué bueno que PC NO está.”
El único hombre de la casa me dice esto con frecuencia cuando durante el semestre la mayor está en la universidad y PC desaparece con alguna amiga y nos regala un rato juntos.

Cada uno de mis tres hijos me deja saber con frecuencia cuanto atesora tenerme en carácter exclusivo. Siempre he tratado de compartir con cada uno de ellos sus pasiones e intereses. Así sea quedándonos en casa y viendo tele.

“See you never…” le dice PC a su hermana mayor mientras esta se apresta a irse de fin de semana de playa con sus amigas. La risita sarcástica y el tono de sus palabras al despedirla en la puerta de la casa me dejan saber que agradece que su hermana desaparezca así sea por dos días del panorama hogareño para tener mi atención completa. Aunque ellos piensen que me halagan con sus reclamos, la realidad del caso es que me la ponen difícil.

Everybody wants a piece of me… Mami es mía…Ser mamá de tres es fuerte. Dedicarle tiempo a cada uno es complicado. Peor cuando crias sola. Aún así saco fuerzas, energías, hago malabares circenses y cavo boquetes en mi cargada agenda para que tengamos esos espacios que nos permiten dialogar, reírnos y crear momentos compartidos.

Solo espero que cuando yo envejezca quieran seguir pasando tiempo conmigo. Justo cuando estoy cansada recuerdo las palabras de una persona muy mayor y sabia que una vez me dio el siguiente consejo:

“Dedícales tiempo. Así estés cansada, así tengas ojeras. Recuerda que ellos escogerán el home al que irás o te llevarán a vivir con ellos.”

Se que hoy estoy sentando las bases de mi vejez. Ciertamente no pretendo ser una carga para ellos y he planificado mi retiro para no serlo. Amo y atesoro la soledad. Pero secretamente deseo escuchar estas mismas frases durante mi vejez.

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Machos

pesas

“Yo le dije que regresara conmigo a Estados Unidos, pero prefirió quedarse en Puerto Rico con la familia. Así que la dejé y me divorcié”

Las palabras salían de la boca de un ex militar y con músculos cuidadosamente esculpidos. Para estar en su sexta década luce fantástico. Pasa horas en el gym dedicando tiempo a su físico. Aunque su cara delata su edad, su cuerpo lo hace lucir 20 a 30 años más joven. Conozco a muchos hombres que ni en sus años mozos lucieron el cuerpo de este caballero.

Trabajar en un gimnasio frecuentado por hombres, en su gran mayoría en horarios de mucho volumen, tiene su “allure”. Cuando saben que eres maestra de ejercicio y sabes del tema, te respetan. “Ella trabaja aquí” o “Es la que da clase de cycling” los escucho cuando se refieren a mi. Paso desapercibida…soy una más del corillo. Están interesados en sus músculos o ya me consideran alguien familiar. Pero con la confianza viene el enterarse de dramas ajenos. Odio usar audífonos para hacer ejercicio, a menos que vaya a correr una carrera o medio maratón. Me gusta estar alerta. Además doy mis clases al ritmo de música ensordecedora. Un poco de silencio no viene mal. Hay días en el que el salón de pesas es SOLO para mí. Quizás pocas personas puedan entenderlo, pero contar con el salón de pesas sin nadie llevándose mi equipo, sin esperar que alguien termine un set o escuchar un gruñido masculino al levantar mucho peso…es algo maravilloso.
Pero hay días y hay días. Los voy conociendo por sus conversaciones con el pana con el que se ejercitan. Conversaciones de machos. El workout buddy las hace de psicólogo. Entre ruidos extraños al levantar pesas y repeticiones de lunges y squats, conozco retazos de sus vidas y aprendo de la psicología masculina. Hay unos más habladores que otros. Muy pocos llevan audífonos.

Entre pesas y máquinas me doy cuenta que ignoro lo que pasa por la cabeza de un hombre la gran mayoría del tiempo. Meterse en un salón de pesas de un gimnasio es algo que toda mujer debe hacer si quiere comprenderlos…

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Palabras

Postal
Las frases estaban dispersas sobre la grama. Con cada paso adivinaba que aquello no era una nota rota escrita sobre papel grueso. Se me hacían muchas palabras para una lista de compra o una lista de cosas por hacer. Un pedazo de sobre rosado más adelante, advertía que se trataba de una postal o tarjeta. Unos pasos sobre la acera más me llevaron a detectar un pedazo de una frase y la imagen de un corazón. Mientras los camiones y los vehículos transitaban apresudaramente por la vía, yo iba despacio, recibiendo con cada paso una bofetada de hollín. Ni el ruido ensordecedor ni el caliente sol del incipiente verano me detenían de adivinar las piezas de aquel rompecabezas que encontré mientras caminaba. Era una carta compuesta por largas frases y oraciones. La letra, empuñada en bolígrafo azul, era cursiva y limpia. Por los pedazos encontrados adiviné que era una carta de una mujer a su pareja. Una carta de amor…algo que ya casi nadie escribe. ¿Por qué romperla en mil pedazos y tirarla en plena via de rodaje? ¿No se supone que uno guarde las cartas de amor? ¿Será que el advenimiento de la tecnología ha borrado para siempre de nuestras actividades el desbordar nuestros sentimientos en un pedazo de papel?

He leído sobre grandes historias de amor que no se basaron en un compartir diario, pero más bien en cartas que dos enamorados se enviaban ultramar. Otras que aguardaron muchos años para ser descubiertas, ya por que fueron ocultadas o simplemente nunca llegaron a su destinatario o destinataria. Ya casi nadie se toma el tiempo de escribir lo que pasa por su mente y espíritu esperando encontrar resonancia en la otra persona. No recuerdo cuando fue la última vez que me senté a escribir una. ¿En la universidad? ¿Cuándo me enamoré del padre de mis hijos pequeños? Tengo vagos recuerdos de misivas y postales escritas. De las recibidas, guardo algunas, especialmente las tarjetas por el Día de San Valentín o el Día de la Madre. No son cartas de amor. Nunca las releo. Las más significativas me acompañan en mi escritorio en la oficina y han sido escritas por mis hijos y mi hermano. Las de mi hermano son fiel testamento a los obstáculos superados y su felicitación a mi persona por fechas especiales, que marcan el paso de nuestras vidas en un calendario rítmico anual. De esas tengo dos que me encantan. Siempre he dicho que la persona que mejor me conoce es mi hermano. Sus mensajes son sencillos y puntales: Behind every successful woman is herself y I could never forget the birthday of someone as special as you…Aunque los mensajes no son llamativos, las gráficas y fotos que le acompañan si lo son. Ambos incluyen joyas, carteras, gafas, gatos y los colores rojo y rosado. Las de mis hijos incluyen dibujos y más dibujos. Pocas palabras. Se cuanto me aman mi hermano y mis hijos. No necesito palabras para recordarme día a día, que a pesar de la distancia de mi hermano y mi hija mayor y los mensajes de texto con un escueto “Mami te amo”, existe un sentimiento que unas oraciones no pueden capturar.
Al final…las palabras se las lleva el viento…pueden acabar en la grama, en la acera o en el vertedero.

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Azul

Blue Crown

Yo (guiando de camino al colegio): “Acaba y ponte los zapatos que vamos a llegar a la escuela y vas a estar descalzo. Debes salir de la casa con tus zapatos puestos”

Niño (descalzo): “Mis pies reclaman su independencia de los zapatos, quieren estar descalzos”

Yo: “¿Cómo?”

Niño : “Que mis pies reclaman la independencia de los zapatos, por eso me los pongo antes de salir del carro”

Yo: “Pues ponte unas chancletas de meter el dedo como yo y te montas en el carro”
Niño: “Las chancletas tuyas son como el ELA, son y no son zapato”
Yo: “¿Y que son tus zapatos entonces?”

Niño: “La estadidad”

El príncipe azul…ese…el de los cuentos de hadas. La figura mítica de un caballero de abolengo y nobleza, que rescata a la bella dama en apuros siempre me pareció una ficción…una figura distante en los cuentos. No sufría, no lloraba, nunca pasaba apuros. Pero la mujer sí. Recuerdo los cuentos de la Bella Durmiente y Blanca Nieves en formato lenticular del maternal al que asistía y cuestionarme esta figura que era el que aparecía de la nada a salvar a la damisela de algún hechizo. Con el paso de los años, al crecer, se convirtió en una palabra más que asociaba a los cuentos de mi niñez. El hombre inexistente. No podía existir tanta perfección en un ser. Esto fue hasta que llegó mi hijo. Recuerdo a su madrina describirme lo “enamorada” que estaba de su entonces unigénito, siendo este apenas un bebé. Veía en sus ojos el brillo casi exacto al de una mujer enamorada, cuando hablaba de su retoño. Yo, embarazada de mi hija del medio, suponía que nunca podría tener ese mismo brillo ya que gestaba la tercera de las niñas del hogar. Debo confesar que el amor por mi hijo no nació exactamente el día que nació. Saber que llevaba en mi vientre un varón a las 16 semanas de gestación me produjo primeramente orgullo. Al fin le daba a mis padres el primer nieto varón, a mi suegra (abuela de cinco niñas) el primer y único nieto varón y a su padre, el único heredero del apellido paterno que se llamaría como su tío, abuelo y bisabuelo. Era el cuarto con el mismo nombre y ya venía con una expectativa. Su bisabuelo había sido un importante líder obrero y Presidente del Senado. Por ende, ya tenía un plantel escolar en el pueblo de la familia paterna con su mismo nombre. Mientras observaba a los adolescentes del coro del colegio de mi hija cuando estaba embarazada, lo imaginaba rubio y alto como uno de ellos. Me preguntaba como sería aquel niño en mi vientre. ¿Le gustaría la música? ¿El arte? ¿Sería bueno con la matemática como su padre?
Mi hijo debutó a la vida prematuramente pero con ocho libras en agosto 2005. Durante sus primeros días desarrolló una marcada preferencia por su padre, quien le consolaba sus dolores de reflujo y los llantenes desaforados con los que podía estar horas. No era hasta que el Sr. P se lo pegaba al pecho, que el muchachito-casi cianótico- suspendía aquella serenata de gritos. Durante sus primeros meses disfrutaba llevarlo en el coche de correr por la urbanización con sus pijamas azules. Estaba orgullosa, de finalmente, tener un hijo varón.

No se cuando me comenzó a enamorar. Creo que estaba en Pre-Pre o Pre-Kinder cuando nos tomamos la primera foto en la que luzco con un brillo de madre enamorada. Sus pequeñas y regordetas manitas en mi rostro. Para ese entonces sabía que no iba a haber hombre al que amara más en esta vida que a ese pedazo de mi vida. Luego de su padre irse de la casa, era quien consolaba mi llanto. Sentía sus manitas acariciarme la cabeza y todo estaba bien. Con el paso del tiempo, descubrí que ese chiquito tenía mucho de mí, de mi hermano y de su padre. Era la mejor versión de nosotros dos, concentrado en un cuerpo pequeño y flacucho. Ocurrente como su tío, parlanchín como yo y analítico como el Sr. P. Cada día a su lado es una aventura. Never a dull moment, como dicen en el Norte.

Con el han llegado retos intelectuales jamás imaginados, preguntas filosóficas, amplias e inususales discusiones de política (como la reseñada al inicio) y temas que simplemente no comprendo (Como jugar StarWars en el Xbox). Es ruidoso cuando juega con sus amigos, suda como si lo metiera en un sauna (ni hablar del olor que puede tener un viernes a las 4pm luego de jugar con sus amigos) y puede ser tan intenso….como la madre que lo parió. Es muy abierto a la hora de demostrar sus afectos y vive eternamente preocupado por mi. Al punto de espíarme en las redes sociales…(eso me enteré por otra persona). Ahora que despunta en la pre-adolescencia me pregunto si el amor mágico que siente por mí será algún día sustituído por una chica en el futuro, aquella que también lo considere un príncipe azul y vea todas sus buenas cualidades. Solo espero que no sufra muchos desamores. Estoy segura que entiende el mundo femenino a la perfección ya que pasa incontables horas rodeado de una madre y tres hermanas. Han sido muchas las veces, que mi pequeño príncipe me ha motivado a seguir adelante cuando siento que la gasolina emocional se me acaba. Al fin de cuentas…y de cuentos…el príncipe azul, no es inexistente. Es de carne y hueso y le doy la bendición todas las noches.

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Viaje

 

marci-casaEntre Guaynabo City y Cambridge, Massachussets hay 1,700 millas aproximadamente. El viaje de escasas cuatro horas (en vuelo directo) es hecho por cientos de personas a diario quienes se transportan de aquí para allá y de acá para allá con una facilidad pasmosa. Ya sea por negocios, vacaciones, o estudios, cientos de personas se montan en la guagua aérea y llegan a la Capital de los Medias Rojas. Detesto viajar luego del fatídico 11 de septiembre de 2001. Detesto la filas y el interminable cotejo. Mis hijos no conocen viajar de otra forma. Yo si. Y la extraño mucho. Y aunque de Cambridge a Guaynabo City no debería ser grande la diferencia, estar en un lugar donde cientos de nacionalidades se funden en una y las lenguas se mezclan para asaltar el sentido auditivo, si representan una gran diferencia. Corriendo por la ribera del Río Charles en la mañana escucho trazos de conversaciones en varios idiomas. Había amanecido un poco gris en los altos 60’s. Antes de comenzar mi jornada de clases en la cercana Universidad de Harvard, decidí ponerme mis “tenis” y explorar la ribera del río. Acá corro con el océano de telón muchas veces y en otras con el Río Bayamón. Digamos que el Río Bayamón parece una quebrada al lado del imponente Charles. Fascinada con los botes de equipos de remo de las diferentes universidades, que practican a esta hora, me pregunto como diablos no se me ocurrió venir a Boston a estudiar el bachillerato y terminé en la bucólica Nueva Orleans. Los días y los meses me fueron dando la respuesta.

En la Escuela de Derecho de Harvard era solo una de tres latinas en unos cursos con asistencia de sobre 200 personas. Se siente extremedamente raro, sobre todo cuando una de esas tres latinas era mi compañera de trabajo. Como tenía que sacarle el jugo al viaje, mi prima hermana pasó a buscarme luego de un extenuante día de cursos y me sentí como pez en el agua. Chachareando en su auto, Boston me parecía menos extraño. Días más tarde me transporté a Cape Cod a quedarme con una amiga de los años universitarios y su esposo. Dos WASP, como le gusta decir a ella, una norteamericana con cuerpo de Barbie y su esposo el típico americano blanco amante del mar. Respiré paz ( o eso traté) en su cabaña veraniega frente a las frías aguas del Atlántico. Yo no se como ellos llaman playa a esas aguas de superficie llana y rocosa. Allí la vida es decididamente más “gringa”. Se acabaron los acentos, exceptuando por el de la vecina de al lado que tan pronto escuchó el cuchicheo en español entre mi amiga y yo (mi amiga no hablaba español hacía 22 años) cayó como buena latina, en bata y taza de café en mano, a ver de que se estaba perdiendo y quien era la forastera que hablaba su lengua materna. Quedé enamorada de Cape Cod y sus pueblitos pintorescos. Me sedujo su pausa, su normalidad, su día a día, pausado y de rostros similares.

Los Estados Unidos de Norteamerica son una amalgama de culturas. Lo viví en carne propia en mis años universitarios. Era muy oscura para ser “gringa” pero muy clara para la comunidad afroamericana. Para colmo el acento siempre me delataba. Las pausas para pensar como expresar ciertas frases, resacando en mi cerebro el lenguaje correcto para esas traducciones idiomáticas sin sonar mal denotaban mi herencia. Sin embargo, encontraba mayor similitudes con la comunidad negra. Me sentía más a gusto entre ellos. Mi padre, quien vivió en Nueva York, Texas y Milwaukee, recuerda un Estados Unidos antes del movimiento de Derechos Civiles.  Vivió la segregación racial donde la comunidad afroamericana tenía que sentarse en el fondo del transporte público. Papi fue el único boricua en su universidad en Milwaukee y el único latino en su clase graduanda.  Aunque con casi cuatro décadas de diferencia entre el tiempo en que mi padre y yo estudiamos, los latinos siempre éramos menos.  La multiculturalidad me cambió. Me hizo apreciar mi lugar de origen. Nunca compré el cuento del “sueño americano”. Adoro ser una más. Ver rostros con mis mismas facciones. Escuchar gente hablando mi mismo idioma. De todo esto me acordé esta mañana mientras le echaba gasolina a mi auto en la estación PUMA de Torrimar. De cinco autos cargando gasolina, tres bocas conversaban con marcado acento dominicano.

Trump ha ganado la presidencia de los Estados Unidos. Lejos de ser incomprensible, para mi es comprensible el voto de muchos. Es un fenómeno cimentado en la no-aceptación de la propia multiculturalidad del país.  En el cuento del sueño americano. Fue mi hijo quien lo puso de relieve, esta mañana ¿Mami por qué en Puerto Rico hay tantos dominicanos?. Esa fue la pregunta…que me llevó en un viaje mental de 1,700 millas en escasos segundos.  “Muchos llevan tantos años que son boricuas ya” le contesté y proseguí mi ruta al colegio.

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Blanco

picnic basket
El chasquido rítmico del metal advirtió que el jardinero había comenzado su faena podando los arbustos en la casa de al lado. Jardines Gardens es un lugar muy apacible por lo que cualquier ruido antes de las 7:00 a.m. se escucha tan fuerte como si fuese un petardo . Los niños dormían apaciblemente encerrados en sus cuartos por lo que el silencio en la casa era el de un cementerio y el ruido de las tijeras de metal se sentía como si fuese dentro de mi casa. Este año ha llovido mas que de costumbre por lo que las visitas de los jardineros comienzan antes que salga el sol para que aprovechen la mañana antes que caiga el aguacero. Dicen que es el fenómeno llamado La Niña y que este traerá tormentas en agosto y septiembre. Yo anticipo un verano lluvioso que impedirá salir mucho con mis pollos. Eso de por si me tiene los nervios de punta. Tan pronto comienza el verano hacemos una lista de actividades para hacer fuera de la casa y lugares para visitar. Este año la lista incluye el nuevo centro de visitantes del RadioTelescopio de Arecibo, la finca de girasoles de Guánica, el Museo de Arte de Ponce y como es usual para todo buen puertorriqueño: la playa.

Lejos de preocuparme por el éxodo masivo que sufre la isla, anticipo que los lugares no se encuentrará tan abarrotados y tal vez pueda disfrutarlos. Por eso, esa mañana y mientras el chasquido de las tijeras del jardinero competía con el ruido de mi cafetera espresso, me senté frente al mostrador de la cocina a hacer en mi computadora la lista de lugares a visitar con los niños este próximo verano. Mientras “typeaba” apareció el ícono de nueva correspondencia y en esta un emilio en particular capturó mi atención. Diner en Blanc: Registration LAST CALL. Había olvidado el asunto. Resulta que había solicitado dos espacios para el evento chic del año. La epítome de la enajenación ante la crisis. Pero bueno…hay que seguir viviendo. Todos de blanco con vajilla blanca, mantel blanco, mesa y sillas blancas. En idea aquel evento del que había leído me parecía un agradable picnic. Hasta que cuando separé mi espacio me di cuenta que había que cargar con mesa, sillas, canasta de picnic abarrotada de picadera, vinos y todos los motetes no sin antes montarme en una guagua, ya que el lugar es sorpresa. Pa’ cargar motetes otro. Que eso no tiene nada de chic y linda me vería yo toda de blanco, sudando la gota gorda y en tacas llena de paquetes. Suficiente tuve muchos años cargando bulto de pañales y biberones, coche y muchachitos. En el interim habían llegado otros compromisos, así que cortésmente cedí mis dos espacios.
El día del evento me divertí muchísimo viendo las fotos de las personas en mi newsfeed de Facebook. Una colega comentaba sobre el odio de los que no fueron agraciados en ir al evento, otras amistades felices y sonrientes posaban en sus selfies todos vestidos de blanco. El evento es muy elegante y bonito de por si….pero dada la realidad fiscal y social por la que atraviesa nuestro país me pareció más un fenómeno para enajenarse y seguir dentro de una burbuja a la que no queremos que lleguen las malas noticias. Es como taparse las orejas y gritar la la la mientras disparan a nuestro lado. Justamente lo que hacen algunos de los que se van de la isla. Irse no implica traición o mérito, como mencionara recientemente el escritor Eduardo Lalo. Se trata de desplazarse y la asistencia tecnológica lo hace menos difícil. Pero no puedo dejar de comparar esa pseudo enajenación del que se va con el que se queda y se concentra en no salir de su burbuja. Se van a la ligera y dejan atrás casa, carro, mascotas, familia y/o todo aquello que le impidió obtener una mejor economía en sus bolsillos. La realidad es que todos quieren/queremos vivir una vida privilegiada. Desgraciadamiente no nos toca a todos. El que se queda y se queda en su privilegio se enajena igual que el que se fue. Es hacer el mismo la la la.

Pero como hay quien le saca punta a todo y le busca el lado jocoso me topé en las redes sociales con un joven comediante de nombre Josué Rafael, quien se vaciló la enajenación del evento Le Diner en Blanc a más no poder. Por que al final del día, vestidos de blanco en un picnic en Condado o comiendo hot dogs en el Balneario de Toa Baja; de Miramar o de Torrimar; de Levittown o Adjuntas, todos somos puertorriqueños.

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