Invisible

Invisible Mujer
Es la cruel realidad…padezco del síndrome de la mujer invisible. Las señales han sido de lenta aparición pero un día me desperté y BOOM me di cuenta que esto era lo que me aquejaba. Todo comenzó atando cabos y tras una larga conversación virtual con una amiga periodista. Una vez las mujeres-particularmente las que no estamos en una relación y somos madres- entramos a la cuarta década…nos volvemos invisibles. Que conste que las mujeres invisibles pueden ser supermujeres. Una condición no es independiente de la otra. Es precisamente ser supermujer lo que agudiza la cosa.

Hace unos años tenía una compañera de trabajo. Muy bonita ella…brillante con B mayúscula, exitosa en su carrera, de buena figura y madre de dos niños. Pues ella se quejaba que ni los trabajadores de la construcción ya le pitaban. En pleno divorcio y con el autoestima por el piso por que el marido le había pegado los cuernos con una mujer más joven, se lamentaba que ya sus encantos no eran lo suficientemente atractivos para llamar la atención del sexo opuesto. En ese momento a mi el comentario me pareció gracioso por que a pesar de yo estar embarazada, al cruzar al estacionamiento frente al edificio escuchaba ocasionalmente “mami, vente que cuando salgas de ese te hago otro”. En ese momento me parecía vulgar, chabacano y grosero. Hoy me doy cuenta que estaba en la cúspide de mi etapa hormonal con el brillo (y las libras e hinchazón) que otorga la tercera década y un embarazo. Pero como todo en la vida, mi etapa hormonal llegó a su fin. La naturaleza es sabia, es por eso que la medicina le pone a la mujer los 35 años como la edad hasta la cual puede llevar un embarazo sin mayores riesgos, pruebas y pinchazos.

Pero la vida me sorprendió al final de mis 30 y justo hace cuatro años, cuando el Sr. P agarró sus bártulos y se fue, me quedé sola. Abrazé los cambios, primero con dolor, pero luego vi una puerta abierta hacia una mejor vida. Ya no tendría que soportar sus neuras y berrinches de niño grande, tampoco lavar ni planchar su ropa. La cama sería para mi sola y ya no tendría excusas para hacer lo que me diera la regalada gana con mi tiempo libre. Pero con la libertad, llegó no solo la paz, también poco a poco llegaron los primeros síntomas de la invisibilidad.

Ya no tenía que medir mis palabras, realmente me había ganado licencia de opinar sobre lo que me diera la gana. Ese fue el primer gran síntoma. Los hombres de mi edad y en general, prefieren a mujeres menos estridentes en sus gustos y palabrería. Entiéndase, no les gusta que tengas muchas opiniones y hables malo. Si…decir palabras soeces puede ser un acto de liberación. Sea en Facebook o en público. No….ojo, no se trata de ser vulgar. Pero una expletiva de vez en cuando no hace daño, sobre todo si es en una conversación del tema por el cual tengas pasión. Por que las mujeres invisibles somos apasionadas…para el amor, para las causas que defendemos, para la política, etc.

El segundo síntoma fue el no hacer una entrada espectacular a todos sitios. Soy realista, soy pequeña. Y no…no es un acto narcisista. Pero cuando existía Friday’s en San Patricio allá para 1992-1993 recuerdo que iba y no pagaba nada en toda la noche. Me acercaba al primer incauto en la barra y en tres segundos tenía un trago en la mano y un plato de picadera. Me agradaba sentirme como botín de guerra ya que alimentaba mi vanidad femenina. Pero hoy día por más horas que de o haga de clases de ejercicio, me vista con un traje de vitrina y tacas de stripper, si voy a una barra se me pega generalmente algún doñito y no…esa NO era. Ya tener un buen cuerpo no basta. Hay muchas cuarentonas cueretonas en la calle y pocos hombres funcionales disponibles. Tampoco padezco del síndrome de experimento de la NASA (léase cohete) así que lo mío no es exhibir mi cuerpo en la menor cantidad de fachas. Gracias a Dios poseo una gran dosis de realidad y para colmo no me gusta hacer el ridículo.

El tercer síntoma es darte cuenta que tu cara ya necesita Botox, Restylane y que probablemente ni con una cirugía logres parecerte a la mujer que eras joven cuando en tu vida no habían ocurrido tantas decepciones, malos ratos y desastres. De hecho, el pre requisito de una mujer invisible es haber tenido alguna relación tan fallida, amarga o disfuncional en la vida que le ha robado el brillo de la mirada, temporalmente o de por vida, y esto se refleje en su rostro. Te miras y te miras al espejo y ya no te ves como las mamás más jóvenes del salón de tu hijo menor. Es más, escuchas sus conversaciones insulzas y quieres salir corriendo y desaparecer. Pero allí estás, tres horas mas tardes entre si y no, escuchando sus cuentos con cara de extraterrestre.

El cuarto síntoma es que te traten de señora, doña y usted, sobre todo si es un caballero. Uno sabe quien lo hace por respeto y quien ya te considera ítem de colección ochentosa y noventosa. Nada más amargo que un hombre guapo y no muy mayor que tu te trate de usted o Doña. Por que los hombres a pesar de viejos, barrigones y poco atractivos, siempre buscan una Barbie. Son criaturas visuales. Y ellos podrán no ser Ken, pero si tu no eres una Barbie andante, ya te catalogan de vieja recalentada y te tratan de usted.

El quinto síntoma, es que seas autosuficiente. Ya nadie te paga nada. Te compras lo que quieres, cuando quieres. Te vas de vacaciones cuando te parece y no le rindes cuentas a nadie. Nada más conducente a la invisibilidad que la autosuficiencia económica y el éxito profesional. No le debes nada a nadie, por ende no estas a la caza de nadie a quien impresionar o que te pueda mantener. Muchas se ven bien puestas, andan bien arregladas por ende tampoco eres magneto para conversación. La autosuficiencia grita “soy cara” y nada más detrimental para el sexo opuesto que una mujer de gustos exquisitos, que amenaze su bolsillo proletario dividido ya de por si entre pensión alimenticia y sus gastos. Este tipo de mujer es la kriptonita de muchos…

El sexto síntoma es que ya nadie te abre una puerta o la sujeta para que tu pases. Mas de una vez, me quedado con la cara a punto de estrellarse en una puerta por que un hombre la abrió antes que yo y siguió de rolo sin percartarse si quiera que una mujer iba tras el. La caballerosidad desaparece para las mujeres pasadas de 40. A menos que estes casada, sea tu pareja, o un hombre con modales, la gran mayoría si no llevas falda o escote con abundante tetaje, ni tienen un gesto contigo.

Alguna literatura médica e investigativa ha definido la cuarta década como la aniquilación simbólica de la mujer. Ningún lugar como Hollywood para recordarnos que si pasas de los 40 eres una “vieja”. Aunque en los últimos años hemos visto como una JLo, Sofía Vergara o una Nicole Kidman o tal vez una Jennifer Aniston parecen desafiar esta última premisa, no es la norma. Los hombres como Robert Redford o Kevin Costner todavía pueden generar suspiros entre una audiencia. Lo mismo no es así para Meryl Streep o Susan Sarandon. Y seamos realistas, JLo, la Kidman y la Aniston tienen dinero para hacerse cuanta cirugía aparte que exceptuando por Sofía Vergara y JLo, ya las demás no son consideradas para el papel de “damita joven” como le decía mi abuela a las actrices con el brillo de la juventud. Estas actrices son mujeres que han comenzado ya a hacer papeles de mujeres maduras como abuela o madres de hijos adultos.

Así que una vez aceptada mi realidad de mujer invisible, sigo campeando por mi respeto, recorriendo la vida, abriéndome yo misma la puerta…enganchándome el bikini que me de la gana ya que mucho me he jodido en el gym y corriendo los domingo en la mañana. Me importa un rábano si se me ve un chicho, celulitis, estrías.. si tengo opiniones que no le gustan a algunos hombres o si soy más inteligente que uno. Hay grandes beneficios en ser una mujer invisible…por que como dice Larry, ese gran filósofo de Men and The City (el paso de comedia del Show de Raymond Arrieta)…las doñitas saben…

Leave a comment »

Primates

image.jpegLa cuesta de la Carretera #2 de Aguadilla a Mayaguez divide mi vida con una línea imaginaria. Lejos de los estresores diarios, la vista a la costa me invita a descansar. Ya andando por la carretera #115 siempre abro el “sunroof” de mi auto (solo una vez tuve auto sin “sunroof” y me sentía encerrada en la caja de lata), respiro profundo y emprendo la travesía al lugar donde generalmente recargo mis baterías. Las raíces llaman. Poseída por una fuerza que reside en mi ADN es aquí donde me siento a gusto…en casa. No, no es que reniege de mi amado Guaynabo City. Es que mi ADN y las circunstancias de vida son diferentes. Fue por el puerto de Aguada que llegaron mis antepasados al Caribe y se estableció la familia materna, pero ha sido en la suburbia añorada por muchos donde he forjado casi toda mi vida.
Esta vez, con la polla mayor jincha como un papel tras el invierno norteño, y hastiada de la juerga navideña busqué sosiego con mi prole en plena temporada de olas altas en el oeste. Esa temporada que invita a otros que como hija, necesitan sol. Ellos foráneos, nosotros locales. Pero con el mismo fin, disfrutar lejos del bullicio. Esta vez me acompañó un libro que agarré a último minuto. Acababa de devorar en cuestión de tres días El Amante Japonés de Isabel Allende y la playa requiere de una lectura más liviana. Fue así como tomé Primates of Park Avenue, la memoria de una antropóloga, que fue el furor del verano y la que mi hija compró y abandonó tras varias páginas. Recuerdo que cuando el libro salió a la venta hubo todo tipo de comentario sobre su veracidad, ya que aparentemente la autora tegiversó los hechos y las fechas. En este aborda los ritos y costumbres (o vida y milagro, como diríamos acá) del exclusivo grupo de mujeres que vive en el Upper East Side de Nueva York. La autora pasa de observadora a actora, al insertarse y convertirse una misma de esas mujeres. Ficción o realidad, lo cierto es que la autora se apuntó tremendo negocio cuando MGM le compró los derechos de autor para convertirlo en película.
¿Y que tienen que ver las Primates de Park Avenue con tierras borincanas? Mucho, diría yo. Recientemente, mi mejor amiga (que vive fuera del país) me anunció-como si se tratara de un gran evento- que su ex vecina se había mudado de su casa en Río Piedras a Torrimar, y de paso había matriculado a los niños en una escuela de niñas y de varones, respectivamente. “Wow, ahora es toda una guaynabita” me dijo…por poco la mato, por que ella sabe que detesto el término. En nuestro entorno no hay Park Avenue, pero hay Ramírez de Arellano Avenue. La vida de un sector social enclavado geográficamente por nacimiento o movilidad en ese lugar, seduce a más de uno y lo invita a imitar. Son muchos los “guaynabe” que no residen en Guaynabo. Como diría mi hija mayor: Ser de Guaynabo, es un estilo de vida. Aspiracional, le añadiría yo. Lejos de ser antropóloga, soy comunicadora. Pero los años estudiando Semiótica (la ciencia que estudia los signos) en la escuela graduada afinaron mis ojos para discernir quien es y quien no es en realidad. Lejos de sonar pretenciosa, ni pasar juicio, el alejarme de mi entorno, me permite recalibrar y observar otras conductas, que sirven como variables a la norma social en la que me desenvuelvo. Contrario a la autora del libro, no llegué de afuera, vengo de adentro. He aquí mi análisis de la primates de la Ramírez de Arellano: Todas son flacas…flaquísimas. Desean esconder las carnes que la mezcla única de ADN boricua les dio. Nadie quiere tener caderas de caldero, ni mucho menos el fondillo como el de la Chacón. Al suroeste de San Patricio se estila llevar un cuerpo delgado, estilizado, no importa la estatura. Sea muriéndose de hambre con Jenny Craig o ensaladas super caras de Ponte Fresco, el cuerpo “de rigeur” no puede tener una onza de chichos. La grasa se quema corriendo por la Ramírez o en el parque de Torrimar, en clases de XCO, Spinning. Los músculos se esculpen en clases de yoga, Pilates o Barre. Nada de pesas. Como si no fuera poca semejante tortura, la piel se cuida con el mismo esmero. El Botox ya no es nada nuevo y el Restylane cosas del pasado. La belleza cuesta. Los números de cirujanos, dermatólogos y esteticitas son compartidos como pastillas para el dolor de cabeza. En mi penúltima visita a la clínica del Dr.A (si ese bien famosito…que se anuncia en vallas en la Martínez Nadal) me encontré un espécimen masculino/metrosexual de mi clase de yoga… El cabello se lleva claro como si tuviésemos ascendentes nórdicos y mientras más rubio, mejor. Pero mejor todavía es si sus niños son rubios naturales, no de beauty, como la madre. No entiendo la fascinación de algunos con los cabellos dorados. Los que tenemos pigmentación clara vivimos un suplicio a la hora de oscurecer el cabello (el cabello rubio envejece…y acentúa las facciones (entiéndase la nariz africana)….
Tanto en Park Avenue como en Guaynabo, la escuela de los hijos (dentro o fuera del municipio) define a los padres. Estas se dividen en las tradicionales coed (Marista, Rosabel, American Military, Perpetuo, etc), de nenas (San José, CPN, María Reina), de varones (San Ignacio, San José) o las americanas (Baldwin,St. John’s, Tasis, Robinson). Muchos padres utilizan esto como carta de presentación como si esto le fuese a abrir las puertas del cielo de la movilidad social o sus hijos fuesen a formar parte de la realeza. No niego que asistir a estas escuelas establece lazos de por vida. Pero es la filosofía de estas escuelas y los recursos a los que tiene acceso el estudiante es lo que pudiese ayudarle en forjar una buena carrera. Igual sucede con las universidades. Si uno de los hijos no estudia en Estados Unidos, no estás en nada…en ningún mapa social.
Guaynabita o guaynabe…todas guiamos guaguas grandes. Donde quepa toda nuestra prole, los amigos y las siete mil cosas con las que cargamos, entre estas la compra de Costco….lugar de avistamiento predilecto en suburbia. Aunque últimamente, el Mall of San Juan se ha convertido en otro destino favorito y por ende lugar de encuentro, a pesar de quedar casi en la colindancia con Carolina. La cartera para acompañarnos en esta y cualquier excursión (inclusive al supermercado) puede ser cualquiera que asemeje un zafacón excepto Coach o Michael Kors, por lo copiadsa que están. Observaba mi hija el verano pasado (mientras trabajaba en un campamento) que la cartera “in” entre las primates de Guaynabo City era el modelo Neverfull de Louis Vouitton. La carterita cuesta la módica suma de $1,600. Y no, el 99% no eran fake (si quiere un curso sobre como distinguir una fake de una verdadera, dese una vueltecita por la tienda de Mall of San Juan).
Los primates de Guaynabo no vacacionan con frecuencia en los Hamptons ni en el Cape. Mucho menos en Martha’s Vineyard. Tampoco van a algún centro vacacional del gobierno, Dios los libre. Se dividen en categorías. Están los que tienen apartamento de playa en cualquiera de nuestras costas. Estos se dividen en subgrupos. Está el grupo de los que tienen apartamento en Palmas o en Río Mar. Estos son clase aparte, ya que tienen su propia claque y se identifican a si mismos así fuera de los confines playeros. Está el que toma un avión cada vez que puede y se va de las tierras borincanas y pregona en Facebook que está en el terminal del aeropuerto rumbo a Nueva York, Madrid u otro destino que NO sea Orlando (esto es lo máximo de la no-cultura). Otros tienen su bote y simplemente arrancan “a las islas” (como si no vivieran en una) luego de abastecer su casa flotante con una compra de Sam’s y Costco con suficientes víveres y alcohol para suplir un pequeño ejército. Las marinas se convierten en punto de referencia y encuentro social fuera de los confines de suburbia. ¿Tienes el bote en Lajas? Que mal te va, si no está en Fajardo nadie te conoce, parece ser la consigna. Y aquel que se atreva a afear la urbanización con un bote al frente de la casa o en la marquesina recibe una cartita de amonestación de la asociación de residentes. Esto inmediatamente denota su mal gusto y su escasez de fondos monetarios.
Debo confesar que disfruté tanto de la lectura de las Primates de Park Avenue, que logré estado de nirvana total mientras escuchaba las olas del mar y comparaba mentalmente los especímenes afluentes del norte con los primates que residimos en Guaynabo. Pero como todo llega a su fin, terminé mi libro justo a tiempo para volver a cruzar la línea imaginaria que me trae de vuelta a la realidad diaria. Esa, que con suerte, escapo cada cuatro a seis semanas…cuando me alejo de las calles de Jardines Garden y su complicada jerarquía social.

Leave a comment »

Desmadre

gata y gatitoHace unos días leía una carta de la escritora chilena Isabel Allende a sus hijos la cual una amiga puso en su muro en Facebook. En esta, la autora relata la difícil tarea de ser madre y cuan exaltada ha sido una labor que a veces pasa desapercibida y que no es tan romántica y glamorosa como la pintan. Eso me dejó pensando en una conversación con una amiga de universidad a quien me encontré recientemente en un juego de soccer de nuestros hijos. Mi amiga-una ex ejecutiva bancaria educada en mi misma alma mater en Estados Unidos- ahora se dedica a ser madre. Su vida transcurre entre prácticas de deporte, la organización de la vida familiar y un sinfín de tareas entre las que se encuentra manejar un pequeño negocio propio. Esta mañana ambas situaciones hicieron una colisión mental cuando como loca desquiciada intentaba hacer unos pancakes de calabaza a la vez que planchaba los uniformes, colaba café, le servía desayuno al minino y atendía a uno de mis canes, quien se negaba a salir de la cocina (sospecho que quería pancakes). Fue entonces cuando me di cuenta que ser madre es un desmadre. La maternidad es caos asegurado. Llevo casi 20 años como ejecutiva de esta industria maternal y 21 años como relacionista profesional. Aunque he logrado la convivencia (semi exitosa) de ambas, no he estado excenta de momentos en los que he cuestionado mi capacidad maternal o mi raciocinio profesional. Si puedo decir que las destrezas de delegar y organizar cien cosas a la vez, la cual empleo en la oficina, me han ayudado en el hogar y mi capacidad de transar una pelea entre hermanos por un juguete ha sido tan exitosa en la casa como en un impasse en una reunión. Las madres desarrollamos capacidades extraordinarias que nos hacen inagotables. Salimos de la casa arregladas a las 7:30 am y a las 9:00 pm todavía seguimos con la misma ropa luego de días maratónicos de reuniones, en la calle o en la oficina.

Veo los anuncios que presentan fotos o videos tiernos de mamás con bebés y me pregunto si alguna vez mis peques y yo lucimos así. La maternidad es la madre de las imperfecciones. Recuerdo estar vestida de punta en blanco a punto de salir a la oficina con mi hijo más pequeño en brazos y recibir un vómito de proyectil en mi chaqueta acabada de sacar de la lavandería. Confieso que en esos momentos lo que pasó por mi cabeza fue ¿cómo fue que se me ocurrió parir otro muchacho? Cambié pañales en el baúl de mi guagua muchas veces y otras tantas corrí pañal en mano buscando el primer zafacón donde buscar dejar la bomba que alguno de mis hijos me había dejado de regalo en el pañal y un baño para lavar mis manos justo cuando nos bajábamos del auto en el centro comercial. Limpié vómitos cuatro veces corridas y varios car seats vomitados y orinados en pleno tapón matutino.

Ser madre es dejar de ser una. Te conviertes en la mamá de fulanito….llegas a las fiestas de cumpleaños y ya no te presentas como fulana de tal, eres la mamá de fulanito…Ruegas para que la fiestas de cumpleaños duren hasta que tu hijo queme todas sus energías y lo puedas acostar agotado. No hay canción de Barney, Atención, Atención o del Mickey Mouse Club House que no haya memorizado. Tampoco olvidaré las letras de Belinda en Cómplices o de Rebelde, las cuales tuve que memorizar cuando mi hija casi adulta entró en plena adolescencia. Pierdes tus gustos propios….olvídate de poner las noticias o tu estación favorita de música en el auto. Ahora mi pasajera delantera-que tiene 12 pa’ 15-enchufa el Ipod y luego de una pelea con su hermano-relegado al asiento trasero-como de cinco minutos sale un mix de Justin Bieber en la bocina para así matar las pocas neuronas que me quedan vivas gracias a las grandes dosis de cafeína. Eso sí, soy la instructora de Spinning más al día en oferta musical, asunto que no ha pasado desapercibido por otra instructora que vive con la aplicación de Shazam abierta en mis clases.
Los hijos aportan una perspectiva única en nuestro desarrollo como seres humanos. Esas criaturas indefensas que salieron de mi vientre pesando 7,9 y 8 libras respectivamente me han ayudado a madurar y a crecer. De una forma acelerada y vertiginosa… A veces soy amable y amorosa con ellos, y en otras ocasiones soy una gritona (según ellos) que lo único que desea es un baño caliente al final del día y su cama llena de almohadas en vez de estar canteleteando para que terminen la tarea. Son muchas las veces que no he querido estudiar con ellos, lo confieso. Y se los digo: Ya yo fui a la escuela 18 años de mi vida( sin contar el pre escolar) ahora es tu turno! Estudié hasta la escuela graduada y en honor a la verdad estudiar hoy día me da pánico. Por que hasta los métodos de enseñanza cambian!!!! Yo aprendí a sumar y a restar de una forma y ahora lo hacen de otra, no importa que el resultado sea igual. Sin embargo, respiro hondo y agarro el libro a memorizar nuevamente algo que se supone yo conozca pero que solo está archivado en los anales de mi memoria. Por ellos uno aprende a sacrificar muchas cosas, y a trabajar hasta el cansancio para que nunca les falte nada.

Ser madre es hacer malabares para que todos tengan lo que quieren y te mantengas dentro de un presupuesto…así tengas que almorzar en tu casa todos los días por el resto del año contar que fulanita vaya al viaje de Europa al que va toda su clase o al viaje del equipo deportivo al que pertenecen, así estés horas largas atendiendo una cantina y llegues a tu casa y te toque cocinar y tu ni la estufa no quieras tocar.

Con cada parto mi vida se tornó menos glamorosa. Perdí mi libertad. Pero he ganado una vida llena de aventuras, cuentos de mis hijos, anécdotas y muchas risas. Con ellos he desarrollado destrezas de vida como el instinto a la supervivencia y superpoderes como hacer cuatro cosas a la vez con tres horas de sueño. Ser madre es mucho más que amamantar un bebé. El caótico desmadre de la maternidad te requiere que te conviertas en la mejor amiga de tu hija casi adulta y hablen por chat mientras estás en un conference call, en la psicóloga de tu pre adolescente, en la cheerleader de tu hijo varón (así estés achicharrándote, sudando la gota gorda bajo el sol y pierdas la voz), en amiga del novio de tu hija, en madre adoptiva de todos los amigos de ellos y tu casa en el centro de jangueo y tertulia por excelencia.

Ser madre es mucho más que cicatrices de césarea. Son amanecidas con una hija fiesteando, la misma por la que pasé muchas noches de desvelo en un hospital cuando era bebé o acompañándola en algún proyecto descomunal de un maestro desconsiderado que no entiende que los niños deben dormir y los padres tienen que trabajar.

Cuando hace dos décadas me encontraba,un día como hoy, disfrutando de ver mi vientre crecer en mi primer embarazo jamás imaginé dónde estaríamos. Soñaba con ver a mi hija nacer saludable y vestirla como una muñeca. Nació saludable, pero no aguantó mucho vestida de muñeca ni yo tuve la paciencia para insistir. No soñaba con mucho en aquella época. La llegada de cada hijo me ayudó a ser más organizada y a luchar más duro por cada meta. Ha sido un desmadre…que disfruto y seguiré disfrutando junto a ellos!

Comments (1) »

Pies

feet in yogaLlego descalza al salón de la clase. He dejado mis chancletas de gomas, estilo metedeo’ (o flip flops para sonar más bonito) en la entrada afuera. Pregunto dónde van las carteras y varios dedos apuntan a un pequeño closet sin puerta y varios estantes en la pared de fondo. Saco mi “mat” de yoga y me acomodo en una esquina. No soporto tener a alguien invadiendo mi espacio personal y siempre trato de acomodarme en la esquina. Miro mis pies mientras me estiro como mi gato. Me urge una pedicura…ya van cuatro semanas desde la última. Ella llega con su entourage y su ruido y pone su mat en la fila delantera, pero opuesta a mi. Es la “reina” de la clase. Lo percibí desde que entró a la recepción del estudio. Yo soy la nueva y me siento como de vuelta al salón de séptimo grado de Sister Nora aquel caluroso mes de agosto en la escuela de niñas a la que asistí. Casi todas se conocían de la escuela anterior, yo solo fui con una ex compañera de estudios y a ella le tocó en otro salón. Aquí no conozco a nadie. Pero siempre se distingue la abeja reina. Total…todos somos iguales.
“Si…es que me llamó para hacerme una consulta criminal” vocifera en la recepción al contarle a su acompañante sobre alguna llamada que recibió. Deduzco es abogada.
Suena mi teléfono. Es un legislador. Salgo afuera buscando un espacio para dialogar, pero la puerta abre y cierra como un par de pestañas con el entra y sale de los que van a la clase de Ashtanga. Ella azuza su oído y al escucharme mencionar la palabra “proyecto de ley” me mira de reojo, como queriendo investigar quien soy. Termino la llamada, pongo mi celular a vibrar dentro de la cartera, me despojo de mis chanchletas y entro al salón.
A mitad de clase descubro que domino bien las asanas. Llevaba tres meses sin hacer una clase formal de yoga. Y Ashtanga es una variedad un tanto difícil y que requiere mayor flexibilidad. La “reina” me mira de reojo. La nueva es flexible. Lo que no sabe es que la nueva, es maestra de ejercicios y lleva 12 años haciendo yoga intermitentemente. Lo de intermitente ha sido por embarazos, crianza, divorcio, mudanza y un horario de locos mientras se manejan trabajo, niños y quehaceres del hogar.
Miro mis pies. Todos somos iguales. Unos más flexibles que otros. Pero todos somos iguales, buscamos paz, buscamos bienestar…liberar las tensiones y los nudos en nuestras espaldas. Aquí adentro no hay espacio para la quiebra del país….no se puede pensar en un nuevo impuesto….todo se centra en la sincronización de la respiración y las asanas.
Termino la clase empapada de sudor. La reina y su entourage no me intimidaron..más bien creo que ella quedó intimidada. Me muevo a regresar mis bloques y recoger mi mat. Me presento con la muchacha que estaba en el mat frente al mío. Conectamos la mirada y las casi ganas de reírnos cuando hacíamos la pose del árbol. Tiene el pelo rizo como yo.
Regreso a buscar mis chancletas rosadas afuera. Camino. Los pies me guían de vuelta al auto, estacionado en este “strip mall” de la suburbia guaynabeña. De camino a la realidad. Esa que busco escapar por hora y media en un mat de yoga.

Leave a comment »

Fin

carriage
“Lo se todo. Estás hablando de nenes. Le voy a contar a mami”

La vocecita de mi hijo menor provenía del pasillo. Estaba espiando a su hermana quien chachareaba por el teléfono en su cuarto. No le presté mucha atención hasta varios días después cuando acaeció la tragedia del bikini manchado- previo al pasadía de su clase y un fin de semana repleto,de repente,de actividades- y cuando se armó la grande…Era el fin de la paz que conocía.

Si pensé que la mayor era la Reina del Drama…esta le gana. Resulta que la Señorita de la casa manchó su traje de baño con kétchup en las vacaciones de Pascua y cuando se dio cuenta ya era imposible sacar la mancha. Fue ese día que me di cuenta las cosas habían cambiado para siempre y ya no tenía una niña en casa si no una adolescente en entrenamiento que ya me comienza dar dolores de cabeza. Me ofrecí a comprarle otro traje de baño y la llevé de tiendas, lo cual terminó como el rosario de la aurora. Resulta que ella quería la parte superior de su traje baño IDENTICA a la del anterior, el cual había comprado hacía dos meses

No se exactamente cuando sucedió…justo cuando pensé tomaría un respiro de los años terribles de la adolescencia- con la mayor del gallinero lejos en la universidad- mi princesa del medio comenzó a mostrar síntomas de una conducta desatada. Menudo descanso…no duró ni un año. Pero si apenas hace unos años la acurrucuba entre mis brazos y le cantaba nanas en francés!!!!!! Y ahora me hace caminar los tres pisos de Plaza Las Américas en busca del ajuar perfecto para una fiesta. Había olvidado cuan difícil puede ser la vida con un adolescente en casa!!!!

Pero retomando el traje de baño…exhausta luego de un día de trabajo drenante y en tacas me tuve que ir a buscar un traje de baño no similar..IDENTICO al manchado. Ese día desperté a la realidad moderna de los trajes de baño: no se usan combinadas la parte de arriba y la de abajo. Eso está passé. Lo in es usar dos tonos diametralmente opuestos. Para colmo, no quiso ninguno y terminé en los outlets de Barceloneta al día siguiente y luego de salir de un caluroso día haciendo trabajo de campo. Cuando por fin divisé el traje baño idéntico le di gracias a todos los espíritus que me guiaron hasta allí. Estaba cansada de los mensajitos de texto recibidos a partir de las 2pm que leían “¿Conseguiste mi traje baño?”. Y justo cuando pensé que la vida era perfecta y un coro de ángeles me llevarían a la caja registradora…el traje de baño no aparecía en su tamaño. Pensé que iba morir en ese momento, pero mujer resuelta al fin, me trepé como pude (gracias a Dios que llevaba pantalón) con todo y tacas por el “display” de la tienda. Parecía gata encaramada cuando al fin!!!! En lo último del “rack” estaba el size 14 de mi hija.

Pensé que el cuento terminaría ahí…pero no…las actividades del fin de semana comenzaban jueves y con cada hora iba desapareciendo la felicidad de llegar al fin de la jornada laboral el jueves. Me tocaba ir al pasadía de su clase bajo un sol infernal. Se fue con una amiga y cuando llegué aquello era un mar de pre adolescentes en bikini. Lo típico de la edad. Niñas con unos cuerpazos dignos de revista, chicos que se ven menores que ella y un revoloteo hormonal que amenaza la paz de cualquier padre.
“Nos esperan años duros” le dije a ML y a J, amigas queridas desde que nuestros peques iban al pre kínder. ML, J y yo procedimos a intercambiar cuentos y anécdotas y a comparar “notas” sobre el comportamiento cada vez más indescifrable de nuestros hijos mientras compartíamos un almuerzo. Estamos out…en el asunto de los trajes de baño…concluímos

El fin de semana siguió con más “shopping”, miles de consultas telefónicas y mensajes de texto con los “outfits” de la noche, dos fiestas de cumpleaños “drop off” (dejas a tus hijos y te vas…nada de papás) y un “sleepover”. Entre amanecidas (nuevamente…), cocinar desayuno para niñas enqulencas que comen tres veces más que yo y risas de adolescente por la casa tuve que aceptarlo…era el fin…de la niñez de mi princesa…y de mi paz!

Comments (1) »

Barbaridad

Maria Felix
Doña-Bárbara-Rómulo-GallegosDiscutia con mi amiga Sandra el eterno dilema de nosotras las divorciadas: la soledad obligada. Hablabamos sobre nuestras mas recientes aventuras de la vida y como a veces esta soledad pesa. Entre el trajín diario y los mil compromisos de los hijos no tiene ni un segundo de respiro. Pero es en momentos “en baja” en los cuales de repente me encuentro totalmente sola en mi caseron suburbano que añoro aunque sea la presencia de otra alma en él. Lejos de considerarme desafortunada e ingrata, reconozco que los sacrificios han valido la pena y he podido poner sobre mis hijos un techo. Pero desde que mi polla mayor se fue al Norte, no tengo quien me espere…o entre por la puerta. Salvo mis adoradas mascotas. Mi polla cuenta por dos ya que es inseparable de su media naranja, así que siempre que están, tengo asegurados besos, abrazos y una buena tertulia al final del día. Sé que mi situación no es inusual, ya que muchas mujeres profesionales, solteras y divorciadas, se encuentran en el mismo bote. No es de extrañarse ya que en Puerto Rico las mujeres-como grupo poblacional- tienen mayor nivel educativo que los varones. Esto junto a la tasa de divorcio y hogares capitaneados por mujeres, hacen el rehacer la vida sentimental un asunto complicado y espinoso. Y si una es una mujer que sabe lo que quiere…PEOR es el panorama.

Cuando una mujer es arrojada, valiente y sabe lo que vale es EXIGENTE. Cuando un hombre sabe lo que quiere y va tras ello es DECIDIDO. Una mirada al lugar de empleo basta para corroborar esto. El estándar no es el mismo. La normativa social castiga a la mujer no solo por tener ansias de progreso professional, tambien por saber lo que debe tener una potencial pareja. Y es aquí donde comienzan los problemas a la hora de empatarse con alguien o rehacer vida sentimental. Conozco muy pocos hombres que puedan estar solos por largos periodos de tiempo. Siempre re-enganchan más rápido que las ex esposas o ex parejas. Muchos no conocen la soledad. Entre eso y los cuernos siempre están acompañados. Ellos van tras lo que quieren…si una lo hace…el hombre sale corriendo y le pone a una el sello de “desesperada”. Nada más lejos de la realidad. Si se vive con la convicción de ir tras lo que se quiere, la mujer siempre sale perdiendo.

Hace un tiempo y tras una fallida relación, mis amistades cercanas comenzaron a ofrecerme sus consejos. M me presto su libro “The Rules”… con este asegura aprendió y por ende, aseguro a su segundo marido. Un buen amigo me dijo que a los hombres “les gusta cazar a su presa” y que una vez se acaba el juego se aburren. Jamás me he visualizado como “presa”… además siempre pensé que los hombres maduraban una vez salían de la escuela superior….pero por lo visto muchos continúan con juegos aun después de su cuarta década. “Eres muy intensa… apasionada con tu vida…con lo que haces y eso intimida a muchos hombres” me aseguro otro amigo divorciado y entrando en su quinta década.

“Somos como Doña Barbara… devoradoras de hombres, como dice mi madre” sentencio Sandra vía telefónica. Say what? Sandra procedió a explicarme que cuando una mujer es polifacética, decidida y ambiciosa espanta hombres. Así como Doña Barbara, el personaje de la novela homónima de Rómulo Gallegos, las féminas que no nos asustamos por cualquier situación padecemos de una especie de síndrome de mujer decidida…indómitas e inmanejables… Está claro que esto no es conducente a una relación de pareja, máxime en la sociedad todavía patriarcal y machista en la que vivimos. Un hombre, realmente, aparte de compañía y amor, no tiene mucho que aportar a nuestras vidas a estas alturas. Hemos tenido que aprender a batallar, a echar pa’lante económicamente, a secarnos las lágrimas, a aguantar la frustración y seguir recorriendo la senda de la vida…SOLAS. No tenemos el tic toc del reloj biológico corriendo desesperado con fecha de caducidad, tampoco aspiramos a que nos paguen/compren/regalen…podemos comprarnos lo que nos de la gana. Ni mucho menos esperamos una sortija de matrimonio o compromiso. Por ende, esto debería atraer hombres….no espantarlos!!!! Pero con los años viene la experiencia…y saber lo que se quiere se convierte en el deterente principal para entablar relaciones.

Si me dieran $5 por cada “es que tu eres muy fuerte” o “a los hombres no le gustan las mujeres asi” (asi como? Que se cocinar, lavar, planchar, trabajar fuera de la casa, tener tiempo para hacer ejercicio y hacer labores como sellar un techo, instalar un lavamos o pegar losetas?) que escucho semanalmente tendría una cuenta abultada en el banco!!!!!

Intimidante o no…saber lo que se quiere tiene grandes beneficios en la vida. Si el precio a pagar es no tener pareja sentimental seremos muchas las que seguiremos como la Doña campeando por nuestro respeto…Si querer algo e ir tras ello es una “barbaridad”…bienvenido sea!!!!!!

Comments (1) »

CARA DE….

divorce-decreeDesde que el Sr.P se marchó de los suburbios de Guaynabo City con sus bártulos a vivir su crisis de mediana edad con su amante (ahora nueva Sra.P) a otra parte, me ví obligada a entrar en una soltería forzada rozando mi cuarta década. Ese no era mi plan de vida. Me veía viajando junto al Sr. P, disfrutando de nuestra prole y envejeciendo juntos en un manto de cotidianidad espantosa. Hasta que la vida me sorprendío, me movieron la alfombra y en esa sacudida quedé con planes inconclusos y frente a un nuevo camino.

Ya no tenía la juventud y la paciencia de antes para soportar noches de “bar hopping” con mis amigas. Mucho menos la estamina requerida para aguantar coqueteos fútiles de hombres con tres palos encima (léase capacidad de escuchar cuentos y mierda a granel). Salir requeriría verificar el itinerario de la “nanny”, ajustarme a los horarios de ella, de las actividades de los niños, las entradas y salidas de mi hija adolescente, combinar ropa y zapatos…en fin más planificación que un Plan de Manejo de Catástrofe Nacional. Fue así como me aventuré a mi tercera soltería. De más está decir, que luego de varias salidas claudiqué por un espacio de dos años. Me encerré en mi hogar y me dediqué con ahínco a menesteres domésticos. Luego vino una gran mudanza y más cambios en nuestra vida familiar con la ida de mi polla mayor al otro lado del charco. Preferí pasar los sábados en la noche viendo Netflix y horneando galletitas que jangueando de barra en barra buscando atención masculina. Una buena salida se convirtió en salir con mis amigas al Jazz Fest en Ventana Al Mar a escuchar las exquisitas notas musicales acompañada de una botella de vino y la brisa del mar, achicharrarnos en la playa o juntarnos en casa de alguna de nosotras a pasarla bien cocinando juntas y con la presencia de nuestros hijos.

Pero como todo en la vida…nada es eterno…el “bug” de la salidera me comenzó a picar nuevamente. Falta de atención del género masculino no he tenido. Me entretengo dando clases de ejercicio en un gimnasio y siempre tengo una buena dosis de atención masculina semanal. Muchos se presentan y hasta se acercan con invitaciones. Pero la realidad es que he desarrollado un método de evaluación de estrictos estándares y muchos no han pasado de la primera ronda. Les otorgo 45 minutos de mi tiempo. Si me quieren hablar, y estoy en el gym, tienen que chuparse el hacerlo mientras recojo el salón de clase y/o me muevo al salón de pesas libres. Mis oídos ya están afinados para escuchar palabras claves…si, esas que te hacen correr como loca buscando la salida más cercana. Confieso que el drama no me sienta muy bien…suficiente tuve con las escaramuzas legales con el Sr.P en corte por un año. Cada vez que un hombre se me pinta de víctima y me cuenta que su ex es una mala persona…no le creo ni ¾ partes del cuento. Para pelear se necesitan dos y si algo he aprendido del divorcio, es que si no funcionó fue por algo. Hay mujeres…y hombres…tremendos, pero ese el 10% de los casos. Detesto la falta de sinceridad, contarme que la ex es un demonio es enviarme la señal perfecta que debemos terminar nuestra conversación inmediatamente. Es más…no me llames, que yo te llamo.

Pero caras vemos…corazones no conocemos. Y es por eso que afinar el oído es tan importante. Hay hombres que con su cara de buenazo engañan de entrada. Si…son a esos a quienes generalmente les damos la primera oportunidad. Como dice otra amiga blogera, al hp se le conoce por su cara y uno sabe a qué atenerse. Pero el que tiene cara de buenazo…de NERD…con ese uno no discrimina tanto. Generalmente a ese tipo de hombre siempre le he dado la primera oportunidad…pero los tiempos han cambiado. En mis años de adolescente el “pajuato” o el “nerd” era el que te trataba bien. Pero hoy…de esos hay que protegerse. No se si es un mecanismo masculino de seducción, pero mira que últimamente abundan…con la pinta de sanano. No valen los 45 minutos..con esos con cara de intelectual torturado puedo estar días hablando…de música, de política, de literatura, de economía. Son hábiles en su forma de seducir la mente de una mujer. Usualmente se pintan de románticos empedernidos…leen poesía de Benedetti, algunos son buenos padres y hasta a veces son un poco monótonos y aburridos, lo cual los hace más irresistibles. Conocen que decir y que no decir…y justo cuando ya pasaron mil veces la prueba de los 45 minutos, te creiste el drama y el cuento y te tienen embobada…cataplúm: DESAPARECEN….Esos son maestros en el arte de la falta de compromiso y las relaciones desechables.
Y la que se queda con cara de imbécil es una…Por eso me aplico ese refrán que dice del agua mansa líbreme de Dios, que de la brava…me libro YO!!!!!! y prefiero quedarme en mi casita horneando bizcochitos y viendo “House of Cards” cualquier sábado en la noche. Espero que a mi próximo príncipe azul le gusten las galletitas, los “home baked goodies” y el buen vino…

Lo estaré esperando en pijamas viendo Netflix.

¿Te sientes identificada? Cuéntame….

Comments (8) »