Blanco

picnic basket
El chasquido rítmico del metal advirtió que el jardinero había comenzado su faena podando los arbustos en la casa de al lado. Jardines Gardens es un lugar muy apacible por lo que cualquier ruido antes de las 7:00 a.m. se escucha tan fuerte como si fuese un petardo . Los niños dormían apaciblemente encerrados en sus cuartos por lo que el silencio en la casa era el de un cementerio y el ruido de las tijeras de metal se sentía como si fuese dentro de mi casa. Este año ha llovido mas que de costumbre por lo que las visitas de los jardineros comienzan antes que salga el sol para que aprovechen la mañana antes que caiga el aguacero. Dicen que es el fenómeno llamado La Niña y que este traerá tormentas en agosto y septiembre. Yo anticipo un verano lluvioso que impedirá salir mucho con mis pollos. Eso de por si me tiene los nervios de punta. Tan pronto comienza el verano hacemos una lista de actividades para hacer fuera de la casa y lugares para visitar. Este año la lista incluye el nuevo centro de visitantes del RadioTelescopio de Arecibo, la finca de girasoles de Guánica, el Museo de Arte de Ponce y como es usual para todo buen puertorriqueño: la playa.

Lejos de preocuparme por el éxodo masivo que sufre la isla, anticipo que los lugares no se encuentrará tan abarrotados y tal vez pueda disfrutarlos. Por eso, esa mañana y mientras el chasquido de las tijeras del jardinero competía con el ruido de mi cafetera espresso, me senté frente al mostrador de la cocina a hacer en mi computadora la lista de lugares a visitar con los niños este próximo verano. Mientras “typeaba” apareció el ícono de nueva correspondencia y en esta un emilio en particular capturó mi atención. Diner en Blanc: Registration LAST CALL. Había olvidado el asunto. Resulta que había solicitado dos espacios para el evento chic del año. La epítome de la enajenación ante la crisis. Pero bueno…hay que seguir viviendo. Todos de blanco con vajilla blanca, mantel blanco, mesa y sillas blancas. En idea aquel evento del que había leído me parecía un agradable picnic. Hasta que cuando separé mi espacio me di cuenta que había que cargar con mesa, sillas, canasta de picnic abarrotada de picadera, vinos y todos los motetes no sin antes montarme en una guagua, ya que el lugar es sorpresa. Pa’ cargar motetes otro. Que eso no tiene nada de chic y linda me vería yo toda de blanco, sudando la gota gorda y en tacas llena de paquetes. Suficiente tuve muchos años cargando bulto de pañales y biberones, coche y muchachitos. En el interim habían llegado otros compromisos, así que cortésmente cedí mis dos espacios.
El día del evento me divertí muchísimo viendo las fotos de las personas en mi newsfeed de Facebook. Una colega comentaba sobre el odio de los que no fueron agraciados en ir al evento, otras amistades felices y sonrientes posaban en sus selfies todos vestidos de blanco. El evento es muy elegante y bonito de por si….pero dada la realidad fiscal y social por la que atraviesa nuestro país me pareció más un fenómeno para enajenarse y seguir dentro de una burbuja a la que no queremos que lleguen las malas noticias. Es como taparse las orejas y gritar la la la mientras disparan a nuestro lado. Justamente lo que hacen algunos de los que se van de la isla. Irse no implica traición o mérito, como mencionara recientemente el escritor Eduardo Lalo. Se trata de desplazarse y la asistencia tecnológica lo hace menos difícil. Pero no puedo dejar de comparar esa pseudo enajenación del que se va con el que se queda y se concentra en no salir de su burbuja. Se van a la ligera y dejan atrás casa, carro, mascotas, familia y/o todo aquello que le impidió obtener una mejor economía en sus bolsillos. La realidad es que todos quieren/queremos vivir una vida privilegiada. Desgraciadamiente no nos toca a todos. El que se queda y se queda en su privilegio se enajena igual que el que se fue. Es hacer el mismo la la la.

Pero como hay quien le saca punta a todo y le busca el lado jocoso me topé en las redes sociales con un joven comediante de nombre Josué Rafael, quien se vaciló la enajenación del evento Le Diner en Blanc a más no poder. Por que al final del día, vestidos de blanco en un picnic en Condado o comiendo hot dogs en el Balneario de Toa Baja; de Miramar o de Torrimar; de Levittown o Adjuntas, todos somos puertorriqueños.

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Flores

floresLa alfombra de flores amarillas y rosadas de los robles por la Ramírez de Arellano me recuerda que la primavera tropical está por finalizar y pronto llegará el fin del semestre escolar. Horror de horrores, mientras en el Norte están celebrando la primavera en todo su esplendor, aquí las lluvias de mayo traen un vaporizo asfixiante gracias a las temperaturas de esta latitud. Uno abre la puerta del cuarto y ya en mayo se topa con el bofetón de calor a las 7 a.m. Para las que somos madres, el verano llega a mediados de mayo. No bien usted ha hecho el pago del mes y ya le mandan el muchacho a la casa con libros y toda la burundanga que acumularon en el locker en el semestre. También llega la lista de libros que parece una cuenta más ya que los colegios y escuelas son muy ocurrentes y cambian libros cada tres a cuatro años. Si los guarda uno de un muchacho para otro, se corre el chance que tenga que venderlos a precio de carne abombada por internet o enviarlos al reciclaje. Cambiar unas cuantas oraciones en un libro de texto no debería ser motivo de desfalque económico, pero en PR, la llegada de la lista de libros en pleno mes de mayo, significa que uno tiene aguantarse en los gastos por que el back to school lo va a dejar pelao’ como un chucho. Adiós al summer club, la posibilidad de enviarlos a un campamento de verano y bienvenido a las vacaciones desde el hogar.

El verano temprano trae consigo incontables beneficios. Tres meses sin madrugar como loca preparando almuerzos, meriendas y desayuno. No hay que complicarse la vida con salidas a diferentes horarios ni prácticas deportivas. Los niños duermen hasta tarde y vagonetean a más no poder….lo que si trae es más desgracias al bolsillo proletario, ya que comen como si su estómago no tiene fondo. Hay amigos de visita todos los días y en un santiamén la nevera se vacía.

El verano tropical también trae la temporada de traje de baño en todo su esplendor. Y ya las flores me anuncian la inevitable guerra con el espejo del probador.

“¿Soy yo o mis brazos parecen tener celulitis?”

Estaba probándome ropa de verano en Macy’s de Ponce cuando rápidamente detecté en el selfie la apariencia ¿grasa? en mis brazos.

“No mami, es la iluminación” me dice mi hija abrigada y congelándose en el Norte.

La maravilla de la tecnología hoy día es que nos permite estar conectadas y obtener su opinión en par de minutos sin tenerla físicamente a mi lado.

“Me gusta el traje, Ma. Cómpratelo”

“Pero se me ven los brazos celulíticos…”

“Es la luz del probador”

“¿Y como COÑO quieren vender???”

No me llevé el traje traumatizada por la celulitis que sorpresivamente no encontré cuando me miré los brazos en el auto. Carajo…hago XCO y pesas.

Semanas más tarde me probaba unos pantalones cortos en TJ Maxx cuando de repente volví a ver celulitis en mis muslos. ¿La iluminación del probador? ¿Pero como diablos pretenden vender ropa con esas luces de empanadillas de friquitín? Esta vez salí corriendo despavorida del probador y me rehusé a probarme una pieza más. He llegado a la conclusión que algunas tiendas están en el negocio de vender baja autoestima. Si me mato dando clases de ejercicio…digo, la gravedad es inevitable, que no soy una quinceañera…pero no es para tanto. Cuando me encaramé en la báscula y vi una ganancia en peso por poco convulso. Ya comenzaba a comprender el misterio de los brazos y los muslos. Unos días después leo en Facebook un estatus de L. L fue conmigo a la escuela de niñas y siempre fue la del cuerpazo. Alta y espigada…y para colmo, damos clases en el mismo gimnasio. L se quejaba de las 11 libras que ha ganado de la noche a la mañana. Las amigas, todas solidarias, ofrecieron 20 mil explicaciones….la edad, la bebelata, el chinchorreo, las hormonas, el amor…”Que amor ni que carajos” le escribí contestano la explicación de otra compañera nuestra de las maestras del gimnasio. “Yo no estoy enamorá y me he soplado 6 libras de la noche a la mañana”

Las hormonas…

Las malditas hormonas que al llegar a la cuarta década hacen estragos… ¿serán ellas esas que me dan antojo de mantecado a las 12 de la medianoche cuando he estado todo el santo día a ensalada y batidas de proteína para poder hacer la cantidad de ejercicio que hago? ¿Y entonces? Pues me he resignado a no visitar probadores, a menos que sean los de mi tienda favorita (tienen luces recesadas maravillosas y candelabros…no parezco pastelillo de chapín en chinchorro). ¿El bikini? Bien gracias…ya las flores me anuncian la llegada de arena en mi auto por tres meses corridos, comida tentadora en la nevera y las luces de probador me tienen aterrorizada. Tendré que pensar que las hormonas son las causantes de mis desgracias…

Yo

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Carta a un ex esposo

Orquidea 2
Querido Ex Marido:

Esta mañana mientras regaba las plantas de MI casa, me percaté que las orquídeas amarillas de centro lila que tengo enganchadas del limonero habían tirado una vaina. Este es el recordatorio anual de una fecha de la que supongo ya ni te acuerdas: nuestro aniversario de bodas. Verás, a mi la fecha me importa un bledo. Pero estas florecitas que me regalaste hace ya unos cuantos años me recuerdan que algún día hubo aniversarios que celebrar.

Se que eres muy felíz al lado de tu nueva pareja. Si, esa misma…la mujer con la que me otorgaste la libertad. ¿Sabes? Fue muy duro acostumbrarme a la soledad del que fue nuestro hogar. A las largas noches en silencio. A que la puerta no se abriera a las 7 de la noche y tus hijos salieran corriendo a abrazarte. Confieso que fue duro pero que FELICIDAD se siente no soportar tus neuras y berrinches de niño grande. Felicito a tu nueva esposa, tiene vocación de mártir y una paciencia de oro que yo ya no tengo. No solo te soporta a ti, también tiene que compartir con nuestros hermosos retoños, que por cierto bastante se parecen a mí.

Agradezco infinitamente que me hayas despreciado. Nunca supe a ciencia cierta de qué estaba hecha…hasta que me tuve que reinventar. Así fue que la casta que tenía el galgo salió a relucir y no me amilané. Decidí nunca volver a mirar atrás. ¿Pensaste que el sufrimiento fue mucho? Pues creo que te equivocas. Sufrí lo necesario para darme cuenta que me amaba a mí y a nuestros hijos más que a ti. Imagino que tu ego masculino te hizo pensar lo contrario ya que siempre me tratas como a tu peor enemiga. ¿Será por que te cuesta aceptar que al final de la jornada yo salí ganando y tu perdiendo?

¿Piensas que no he rehecho mi vida o que no me he vuelto a casar por que no hay quien me aguante? Te ilustro. No me apremia dormir acompañada. Preferí dedicarme en cuerpo y alma a nuestros niños. Soy yo la que no desea soportar a mas nadie que me robe paz, tranquilidad y felicidad. Para muestras…con tu botón me bastó. Me hiciste un gran regalo de vida, mis dos hijos. Por que Dios me dio ese privilegio, yo he sabido apreciar hasta el más mínimo segundo a su lado. Son mi razón de vivir. Si tus desagravios sacaron la guerrera que vive en mí, tus hijos son dos pequeños guerreros, que saben que su madre los protegerá y jamás permitirá que les falte nada. Con tu hijo varón estoy realizando una gran labor. Sacó tu inteligencia y eso me enorgullece. Pero contrario a ti, estoy criando un caballero sensible, que no tiene problemas en mostrar sus sentimientos. Un hombre con modales que no sopla ventosidades por doquier para luego intoxicarnos con gases que pertenecen a un inodoro o a un vertedero.

Contrario a lo que tu te empeñas en hacerle creer al sistema judicial, mis hijos no son un signo de dólares y centavos. Te recuerdo que cuando me conociste ya yo tenía una carrera profesional con la que puedo aportar a su manutención. Los hijos vienen al mundo de un padre y una madre, por lo tanto lo justo es que ambos aportemos a su vida económica y moralmente. Me encanta que también conozcas de cerca lo maravilloso que es amanecerse esperándolos en fiestas hasta entrada la madrugada y estar horas largas con tu hija buscando el vestido ideal para una fiesta.

No extraño nada tuyo. Al contrario…a veces me pregunto ¿Cómo rayos te aguanté? Gracias por ser el mejor padre del mundo, y cuidar de nuestros hijos junto a tu esposa mientras yo estoy en el gimnasio entrenando. Eso de tener niñeros hasta la adultez es una maravilla. De paso, felicítame a tu esposa. Su dejadez hacia las tareas domésticas y falta de interés en mis hijos los ha hecho unos niños muy maduros e independientes. Eso a su vez facilita nuestras rutinas diarias. Hoy nuestros pequeños me ayudan y hasta friegan. Algo que ciertamente jamás aprendieron viéndote hacerlo vez alguna cuando éramos una familia. Agradezco también que te hayas llevado tan a pecho tu rol de proveedor del hogar, echándote tantas cargas encima manteniendo a tu nueva familia. Haces que tus hijos me admiren y aprecien el que yo trabaje tan duro y encima les cocine, les lave, les planche y encima, haga tiempo para todas sus actividades.

Hablando de trabajo duro. No tengo palabras para agradecerte tu irresponsabilidad al dejar de pagar nuestra casa. Del tiro, me fui y me compré una para mí!!!! Y la amueblé como me dio la gana!!! Tu partida me enseñó lo productivo que es empezar desde cero y reinventarse. Cada vez que pienso la gran cantidad de responsabilidades que tengo no me queda de otra que pensar que Dios fue muy bondadoso conmigo.

Gracias por contribuír a mi éxito. Sin tus celos profesionales, el cielo se convirtió en el límite. No tengo que pensar cada frase o cada palabra que sale de mi boca, como si en cada una hubiese un atentado a tu intelecto o tu masculinidad. Ya no soy tu competencia.

No quiero despedirme sin dejarte saber lo MARAVILLOSO que se siente NO tener que compartir la cama, el baño, el closet, la casa…entrar y salir a la hora que me da la gana sin ofrecer explicaciones, no invitar a nadie a mi casa o invitar a quien me plazca, no reírme de chistes mongos,no soportar caras largas, gente que no soporto, ni mucho menos la tapa del inodoro levantada.

Atentamente,

Tu amadísima ex esposa

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Invisible

Invisible Mujer
Es la cruel realidad…padezco del síndrome de la mujer invisible. Las señales han sido de lenta aparición pero un día me desperté y BOOM me di cuenta que esto era lo que me aquejaba. Todo comenzó atando cabos y tras una larga conversación virtual con una amiga periodista. Una vez las mujeres-particularmente las que no estamos en una relación y somos madres- entramos a la cuarta década…nos volvemos invisibles. Que conste que las mujeres invisibles pueden ser supermujeres. Una condición no es independiente de la otra. Es precisamente ser supermujer lo que agudiza la cosa.

Hace unos años tenía una compañera de trabajo. Muy bonita ella…brillante con B mayúscula, exitosa en su carrera, de buena figura y madre de dos niños. Pues ella se quejaba que ni los trabajadores de la construcción ya le pitaban. En pleno divorcio y con el autoestima por el piso por que el marido le había pegado los cuernos con una mujer más joven, se lamentaba que ya sus encantos no eran lo suficientemente atractivos para llamar la atención del sexo opuesto. En ese momento a mi el comentario me pareció gracioso por que a pesar de yo estar embarazada, al cruzar al estacionamiento frente al edificio escuchaba ocasionalmente “mami, vente que cuando salgas de ese te hago otro”. En ese momento me parecía vulgar, chabacano y grosero. Hoy me doy cuenta que estaba en la cúspide de mi etapa hormonal con el brillo (y las libras e hinchazón) que otorga la tercera década y un embarazo. Pero como todo en la vida, mi etapa hormonal llegó a su fin. La naturaleza es sabia, es por eso que la medicina le pone a la mujer los 35 años como la edad hasta la cual puede llevar un embarazo sin mayores riesgos, pruebas y pinchazos.

Pero la vida me sorprendió al final de mis 30 y justo hace cuatro años, cuando el Sr. P agarró sus bártulos y se fue, me quedé sola. Abrazé los cambios, primero con dolor, pero luego vi una puerta abierta hacia una mejor vida. Ya no tendría que soportar sus neuras y berrinches de niño grande, tampoco lavar ni planchar su ropa. La cama sería para mi sola y ya no tendría excusas para hacer lo que me diera la regalada gana con mi tiempo libre. Pero con la libertad, llegó no solo la paz, también poco a poco llegaron los primeros síntomas de la invisibilidad.

Ya no tenía que medir mis palabras, realmente me había ganado licencia de opinar sobre lo que me diera la gana. Ese fue el primer gran síntoma. Los hombres de mi edad y en general, prefieren a mujeres menos estridentes en sus gustos y palabrería. Entiéndase, no les gusta que tengas muchas opiniones y hables malo. Si…decir palabras soeces puede ser un acto de liberación. Sea en Facebook o en público. No….ojo, no se trata de ser vulgar. Pero una expletiva de vez en cuando no hace daño, sobre todo si es en una conversación del tema por el cual tengas pasión. Por que las mujeres invisibles somos apasionadas…para el amor, para las causas que defendemos, para la política, etc.

El segundo síntoma fue el no hacer una entrada espectacular a todos sitios. Soy realista, soy pequeña. Y no…no es un acto narcisista. Pero cuando existía Friday’s en San Patricio allá para 1992-1993 recuerdo que iba y no pagaba nada en toda la noche. Me acercaba al primer incauto en la barra y en tres segundos tenía un trago en la mano y un plato de picadera. Me agradaba sentirme como botín de guerra ya que alimentaba mi vanidad femenina. Pero hoy día por más horas que de o haga de clases de ejercicio, me vista con un traje de vitrina y tacas de stripper, si voy a una barra se me pega generalmente algún doñito y no…esa NO era. Ya tener un buen cuerpo no basta. Hay muchas cuarentonas cueretonas en la calle y pocos hombres funcionales disponibles. Tampoco padezco del síndrome de experimento de la NASA (léase cohete) así que lo mío no es exhibir mi cuerpo en la menor cantidad de fachas. Gracias a Dios poseo una gran dosis de realidad y para colmo no me gusta hacer el ridículo.

El tercer síntoma es darte cuenta que tu cara ya necesita Botox, Restylane y que probablemente ni con una cirugía logres parecerte a la mujer que eras joven cuando en tu vida no habían ocurrido tantas decepciones, malos ratos y desastres. De hecho, el pre requisito de una mujer invisible es haber tenido alguna relación tan fallida, amarga o disfuncional en la vida que le ha robado el brillo de la mirada, temporalmente o de por vida, y esto se refleje en su rostro. Te miras y te miras al espejo y ya no te ves como las mamás más jóvenes del salón de tu hijo menor. Es más, escuchas sus conversaciones insulzas y quieres salir corriendo y desaparecer. Pero allí estás, tres horas mas tardes entre si y no, escuchando sus cuentos con cara de extraterrestre.

El cuarto síntoma es que te traten de señora, doña y usted, sobre todo si es un caballero. Uno sabe quien lo hace por respeto y quien ya te considera ítem de colección ochentosa y noventosa. Nada más amargo que un hombre guapo y no muy mayor que tu te trate de usted o Doña. Por que los hombres a pesar de viejos, barrigones y poco atractivos, siempre buscan una Barbie. Son criaturas visuales. Y ellos podrán no ser Ken, pero si tu no eres una Barbie andante, ya te catalogan de vieja recalentada y te tratan de usted.

El quinto síntoma, es que seas autosuficiente. Ya nadie te paga nada. Te compras lo que quieres, cuando quieres. Te vas de vacaciones cuando te parece y no le rindes cuentas a nadie. Nada más conducente a la invisibilidad que la autosuficiencia económica y el éxito profesional. No le debes nada a nadie, por ende no estas a la caza de nadie a quien impresionar o que te pueda mantener. Muchas se ven bien puestas, andan bien arregladas por ende tampoco eres magneto para conversación. La autosuficiencia grita “soy cara” y nada más detrimental para el sexo opuesto que una mujer de gustos exquisitos, que amenaze su bolsillo proletario dividido ya de por si entre pensión alimenticia y sus gastos. Este tipo de mujer es la kriptonita de muchos…

El sexto síntoma es que ya nadie te abre una puerta o la sujeta para que tu pases. Mas de una vez, me quedado con la cara a punto de estrellarse en una puerta por que un hombre la abrió antes que yo y siguió de rolo sin percartarse si quiera que una mujer iba tras el. La caballerosidad desaparece para las mujeres pasadas de 40. A menos que estes casada, sea tu pareja, o un hombre con modales, la gran mayoría si no llevas falda o escote con abundante tetaje, ni tienen un gesto contigo.

Alguna literatura médica e investigativa ha definido la cuarta década como la aniquilación simbólica de la mujer. Ningún lugar como Hollywood para recordarnos que si pasas de los 40 eres una “vieja”. Aunque en los últimos años hemos visto como una JLo, Sofía Vergara o una Nicole Kidman o tal vez una Jennifer Aniston parecen desafiar esta última premisa, no es la norma. Los hombres como Robert Redford o Kevin Costner todavía pueden generar suspiros entre una audiencia. Lo mismo no es así para Meryl Streep o Susan Sarandon. Y seamos realistas, JLo, la Kidman y la Aniston tienen dinero para hacerse cuanta cirugía aparte que exceptuando por Sofía Vergara y JLo, ya las demás no son consideradas para el papel de “damita joven” como le decía mi abuela a las actrices con el brillo de la juventud. Estas actrices son mujeres que han comenzado ya a hacer papeles de mujeres maduras como abuela o madres de hijos adultos.

Así que una vez aceptada mi realidad de mujer invisible, sigo campeando por mi respeto, recorriendo la vida, abriéndome yo misma la puerta…enganchándome el bikini que me de la gana ya que mucho me he jodido en el gym y corriendo los domingo en la mañana. Me importa un rábano si se me ve un chicho, celulitis, estrías.. si tengo opiniones que no le gustan a algunos hombres o si soy más inteligente que uno. Hay grandes beneficios en ser una mujer invisible…por que como dice Larry, ese gran filósofo de Men and The City (el paso de comedia del Show de Raymond Arrieta)…las doñitas saben…

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Primates

image.jpegLa cuesta de la Carretera #2 de Aguadilla a Mayaguez divide mi vida con una línea imaginaria. Lejos de los estresores diarios, la vista a la costa me invita a descansar. Ya andando por la carretera #115 siempre abro el “sunroof” de mi auto (solo una vez tuve auto sin “sunroof” y me sentía encerrada en la caja de lata), respiro profundo y emprendo la travesía al lugar donde generalmente recargo mis baterías. Las raíces llaman. Poseída por una fuerza que reside en mi ADN es aquí donde me siento a gusto…en casa. No, no es que reniege de mi amado Guaynabo City. Es que mi ADN y las circunstancias de vida son diferentes. Fue por el puerto de Aguada que llegaron mis antepasados al Caribe y se estableció la familia materna, pero ha sido en la suburbia añorada por muchos donde he forjado casi toda mi vida.
Esta vez, con la polla mayor jincha como un papel tras el invierno norteño, y hastiada de la juerga navideña busqué sosiego con mi prole en plena temporada de olas altas en el oeste. Esa temporada que invita a otros que como hija, necesitan sol. Ellos foráneos, nosotros locales. Pero con el mismo fin, disfrutar lejos del bullicio. Esta vez me acompañó un libro que agarré a último minuto. Acababa de devorar en cuestión de tres días El Amante Japonés de Isabel Allende y la playa requiere de una lectura más liviana. Fue así como tomé Primates of Park Avenue, la memoria de una antropóloga, que fue el furor del verano y la que mi hija compró y abandonó tras varias páginas. Recuerdo que cuando el libro salió a la venta hubo todo tipo de comentario sobre su veracidad, ya que aparentemente la autora tegiversó los hechos y las fechas. En este aborda los ritos y costumbres (o vida y milagro, como diríamos acá) del exclusivo grupo de mujeres que vive en el Upper East Side de Nueva York. La autora pasa de observadora a actora, al insertarse y convertirse una misma de esas mujeres. Ficción o realidad, lo cierto es que la autora se apuntó tremendo negocio cuando MGM le compró los derechos de autor para convertirlo en película.
¿Y que tienen que ver las Primates de Park Avenue con tierras borincanas? Mucho, diría yo. Recientemente, mi mejor amiga (que vive fuera del país) me anunció-como si se tratara de un gran evento- que su ex vecina se había mudado de su casa en Río Piedras a Torrimar, y de paso había matriculado a los niños en una escuela de niñas y de varones, respectivamente. “Wow, ahora es toda una guaynabita” me dijo…por poco la mato, por que ella sabe que detesto el término. En nuestro entorno no hay Park Avenue, pero hay Ramírez de Arellano Avenue. La vida de un sector social enclavado geográficamente por nacimiento o movilidad en ese lugar, seduce a más de uno y lo invita a imitar. Son muchos los “guaynabe” que no residen en Guaynabo. Como diría mi hija mayor: Ser de Guaynabo, es un estilo de vida. Aspiracional, le añadiría yo. Lejos de ser antropóloga, soy comunicadora. Pero los años estudiando Semiótica (la ciencia que estudia los signos) en la escuela graduada afinaron mis ojos para discernir quien es y quien no es en realidad. Lejos de sonar pretenciosa, ni pasar juicio, el alejarme de mi entorno, me permite recalibrar y observar otras conductas, que sirven como variables a la norma social en la que me desenvuelvo. Contrario a la autora del libro, no llegué de afuera, vengo de adentro. He aquí mi análisis de la primates de la Ramírez de Arellano: Todas son flacas…flaquísimas. Desean esconder las carnes que la mezcla única de ADN boricua les dio. Nadie quiere tener caderas de caldero, ni mucho menos el fondillo como el de la Chacón. Al suroeste de San Patricio se estila llevar un cuerpo delgado, estilizado, no importa la estatura. Sea muriéndose de hambre con Jenny Craig o ensaladas super caras de Ponte Fresco, el cuerpo “de rigeur” no puede tener una onza de chichos. La grasa se quema corriendo por la Ramírez o en el parque de Torrimar, en clases de XCO, Spinning. Los músculos se esculpen en clases de yoga, Pilates o Barre. Nada de pesas. Como si no fuera poca semejante tortura, la piel se cuida con el mismo esmero. El Botox ya no es nada nuevo y el Restylane cosas del pasado. La belleza cuesta. Los números de cirujanos, dermatólogos y esteticitas son compartidos como pastillas para el dolor de cabeza. En mi penúltima visita a la clínica del Dr.A (si ese bien famosito…que se anuncia en vallas en la Martínez Nadal) me encontré un espécimen masculino/metrosexual de mi clase de yoga… El cabello se lleva claro como si tuviésemos ascendentes nórdicos y mientras más rubio, mejor. Pero mejor todavía es si sus niños son rubios naturales, no de beauty, como la madre. No entiendo la fascinación de algunos con los cabellos dorados. Los que tenemos pigmentación clara vivimos un suplicio a la hora de oscurecer el cabello (el cabello rubio envejece…y acentúa las facciones (entiéndase la nariz africana)….
Tanto en Park Avenue como en Guaynabo, la escuela de los hijos (dentro o fuera del municipio) define a los padres. Estas se dividen en las tradicionales coed (Marista, Rosabel, American Military, Perpetuo, etc), de nenas (San José, CPN, María Reina), de varones (San Ignacio, San José) o las americanas (Baldwin,St. John’s, Tasis, Robinson). Muchos padres utilizan esto como carta de presentación como si esto le fuese a abrir las puertas del cielo de la movilidad social o sus hijos fuesen a formar parte de la realeza. No niego que asistir a estas escuelas establece lazos de por vida. Pero es la filosofía de estas escuelas y los recursos a los que tiene acceso el estudiante es lo que pudiese ayudarle en forjar una buena carrera. Igual sucede con las universidades. Si uno de los hijos no estudia en Estados Unidos, no estás en nada…en ningún mapa social.
Guaynabita o guaynabe…todas guiamos guaguas grandes. Donde quepa toda nuestra prole, los amigos y las siete mil cosas con las que cargamos, entre estas la compra de Costco….lugar de avistamiento predilecto en suburbia. Aunque últimamente, el Mall of San Juan se ha convertido en otro destino favorito y por ende lugar de encuentro, a pesar de quedar casi en la colindancia con Carolina. La cartera para acompañarnos en esta y cualquier excursión (inclusive al supermercado) puede ser cualquiera que asemeje un zafacón excepto Coach o Michael Kors, por lo copiadsa que están. Observaba mi hija el verano pasado (mientras trabajaba en un campamento) que la cartera “in” entre las primates de Guaynabo City era el modelo Neverfull de Louis Vouitton. La carterita cuesta la módica suma de $1,600. Y no, el 99% no eran fake (si quiere un curso sobre como distinguir una fake de una verdadera, dese una vueltecita por la tienda de Mall of San Juan).
Los primates de Guaynabo no vacacionan con frecuencia en los Hamptons ni en el Cape. Mucho menos en Martha’s Vineyard. Tampoco van a algún centro vacacional del gobierno, Dios los libre. Se dividen en categorías. Están los que tienen apartamento de playa en cualquiera de nuestras costas. Estos se dividen en subgrupos. Está el grupo de los que tienen apartamento en Palmas o en Río Mar. Estos son clase aparte, ya que tienen su propia claque y se identifican a si mismos así fuera de los confines playeros. Está el que toma un avión cada vez que puede y se va de las tierras borincanas y pregona en Facebook que está en el terminal del aeropuerto rumbo a Nueva York, Madrid u otro destino que NO sea Orlando (esto es lo máximo de la no-cultura). Otros tienen su bote y simplemente arrancan “a las islas” (como si no vivieran en una) luego de abastecer su casa flotante con una compra de Sam’s y Costco con suficientes víveres y alcohol para suplir un pequeño ejército. Las marinas se convierten en punto de referencia y encuentro social fuera de los confines de suburbia. ¿Tienes el bote en Lajas? Que mal te va, si no está en Fajardo nadie te conoce, parece ser la consigna. Y aquel que se atreva a afear la urbanización con un bote al frente de la casa o en la marquesina recibe una cartita de amonestación de la asociación de residentes. Esto inmediatamente denota su mal gusto y su escasez de fondos monetarios.
Debo confesar que disfruté tanto de la lectura de las Primates de Park Avenue, que logré estado de nirvana total mientras escuchaba las olas del mar y comparaba mentalmente los especímenes afluentes del norte con los primates que residimos en Guaynabo. Pero como todo llega a su fin, terminé mi libro justo a tiempo para volver a cruzar la línea imaginaria que me trae de vuelta a la realidad diaria. Esa, que con suerte, escapo cada cuatro a seis semanas…cuando me alejo de las calles de Jardines Garden y su complicada jerarquía social.

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Desmadre

gata y gatitoHace unos días leía una carta de la escritora chilena Isabel Allende a sus hijos la cual una amiga puso en su muro en Facebook. En esta, la autora relata la difícil tarea de ser madre y cuan exaltada ha sido una labor que a veces pasa desapercibida y que no es tan romántica y glamorosa como la pintan. Eso me dejó pensando en una conversación con una amiga de universidad a quien me encontré recientemente en un juego de soccer de nuestros hijos. Mi amiga-una ex ejecutiva bancaria educada en mi misma alma mater en Estados Unidos- ahora se dedica a ser madre. Su vida transcurre entre prácticas de deporte, la organización de la vida familiar y un sinfín de tareas entre las que se encuentra manejar un pequeño negocio propio. Esta mañana ambas situaciones hicieron una colisión mental cuando como loca desquiciada intentaba hacer unos pancakes de calabaza a la vez que planchaba los uniformes, colaba café, le servía desayuno al minino y atendía a uno de mis canes, quien se negaba a salir de la cocina (sospecho que quería pancakes). Fue entonces cuando me di cuenta que ser madre es un desmadre. La maternidad es caos asegurado. Llevo casi 20 años como ejecutiva de esta industria maternal y 21 años como relacionista profesional. Aunque he logrado la convivencia (semi exitosa) de ambas, no he estado excenta de momentos en los que he cuestionado mi capacidad maternal o mi raciocinio profesional. Si puedo decir que las destrezas de delegar y organizar cien cosas a la vez, la cual empleo en la oficina, me han ayudado en el hogar y mi capacidad de transar una pelea entre hermanos por un juguete ha sido tan exitosa en la casa como en un impasse en una reunión. Las madres desarrollamos capacidades extraordinarias que nos hacen inagotables. Salimos de la casa arregladas a las 7:30 am y a las 9:00 pm todavía seguimos con la misma ropa luego de días maratónicos de reuniones, en la calle o en la oficina.

Veo los anuncios que presentan fotos o videos tiernos de mamás con bebés y me pregunto si alguna vez mis peques y yo lucimos así. La maternidad es la madre de las imperfecciones. Recuerdo estar vestida de punta en blanco a punto de salir a la oficina con mi hijo más pequeño en brazos y recibir un vómito de proyectil en mi chaqueta acabada de sacar de la lavandería. Confieso que en esos momentos lo que pasó por mi cabeza fue ¿cómo fue que se me ocurrió parir otro muchacho? Cambié pañales en el baúl de mi guagua muchas veces y otras tantas corrí pañal en mano buscando el primer zafacón donde buscar dejar la bomba que alguno de mis hijos me había dejado de regalo en el pañal y un baño para lavar mis manos justo cuando nos bajábamos del auto en el centro comercial. Limpié vómitos cuatro veces corridas y varios car seats vomitados y orinados en pleno tapón matutino.

Ser madre es dejar de ser una. Te conviertes en la mamá de fulanito….llegas a las fiestas de cumpleaños y ya no te presentas como fulana de tal, eres la mamá de fulanito…Ruegas para que la fiestas de cumpleaños duren hasta que tu hijo queme todas sus energías y lo puedas acostar agotado. No hay canción de Barney, Atención, Atención o del Mickey Mouse Club House que no haya memorizado. Tampoco olvidaré las letras de Belinda en Cómplices o de Rebelde, las cuales tuve que memorizar cuando mi hija casi adulta entró en plena adolescencia. Pierdes tus gustos propios….olvídate de poner las noticias o tu estación favorita de música en el auto. Ahora mi pasajera delantera-que tiene 12 pa’ 15-enchufa el Ipod y luego de una pelea con su hermano-relegado al asiento trasero-como de cinco minutos sale un mix de Justin Bieber en la bocina para así matar las pocas neuronas que me quedan vivas gracias a las grandes dosis de cafeína. Eso sí, soy la instructora de Spinning más al día en oferta musical, asunto que no ha pasado desapercibido por otra instructora que vive con la aplicación de Shazam abierta en mis clases.
Los hijos aportan una perspectiva única en nuestro desarrollo como seres humanos. Esas criaturas indefensas que salieron de mi vientre pesando 7,9 y 8 libras respectivamente me han ayudado a madurar y a crecer. De una forma acelerada y vertiginosa… A veces soy amable y amorosa con ellos, y en otras ocasiones soy una gritona (según ellos) que lo único que desea es un baño caliente al final del día y su cama llena de almohadas en vez de estar canteleteando para que terminen la tarea. Son muchas las veces que no he querido estudiar con ellos, lo confieso. Y se los digo: Ya yo fui a la escuela 18 años de mi vida( sin contar el pre escolar) ahora es tu turno! Estudié hasta la escuela graduada y en honor a la verdad estudiar hoy día me da pánico. Por que hasta los métodos de enseñanza cambian!!!! Yo aprendí a sumar y a restar de una forma y ahora lo hacen de otra, no importa que el resultado sea igual. Sin embargo, respiro hondo y agarro el libro a memorizar nuevamente algo que se supone yo conozca pero que solo está archivado en los anales de mi memoria. Por ellos uno aprende a sacrificar muchas cosas, y a trabajar hasta el cansancio para que nunca les falte nada.

Ser madre es hacer malabares para que todos tengan lo que quieren y te mantengas dentro de un presupuesto…así tengas que almorzar en tu casa todos los días por el resto del año contar que fulanita vaya al viaje de Europa al que va toda su clase o al viaje del equipo deportivo al que pertenecen, así estés horas largas atendiendo una cantina y llegues a tu casa y te toque cocinar y tu ni la estufa no quieras tocar.

Con cada parto mi vida se tornó menos glamorosa. Perdí mi libertad. Pero he ganado una vida llena de aventuras, cuentos de mis hijos, anécdotas y muchas risas. Con ellos he desarrollado destrezas de vida como el instinto a la supervivencia y superpoderes como hacer cuatro cosas a la vez con tres horas de sueño. Ser madre es mucho más que amamantar un bebé. El caótico desmadre de la maternidad te requiere que te conviertas en la mejor amiga de tu hija casi adulta y hablen por chat mientras estás en un conference call, en la psicóloga de tu pre adolescente, en la cheerleader de tu hijo varón (así estés achicharrándote, sudando la gota gorda bajo el sol y pierdas la voz), en amiga del novio de tu hija, en madre adoptiva de todos los amigos de ellos y tu casa en el centro de jangueo y tertulia por excelencia.

Ser madre es mucho más que cicatrices de césarea. Son amanecidas con una hija fiesteando, la misma por la que pasé muchas noches de desvelo en un hospital cuando era bebé o acompañándola en algún proyecto descomunal de un maestro desconsiderado que no entiende que los niños deben dormir y los padres tienen que trabajar.

Cuando hace dos décadas me encontraba,un día como hoy, disfrutando de ver mi vientre crecer en mi primer embarazo jamás imaginé dónde estaríamos. Soñaba con ver a mi hija nacer saludable y vestirla como una muñeca. Nació saludable, pero no aguantó mucho vestida de muñeca ni yo tuve la paciencia para insistir. No soñaba con mucho en aquella época. La llegada de cada hijo me ayudó a ser más organizada y a luchar más duro por cada meta. Ha sido un desmadre…que disfruto y seguiré disfrutando junto a ellos!

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Pies

feet in yogaLlego descalza al salón de la clase. He dejado mis chancletas de gomas, estilo metedeo’ (o flip flops para sonar más bonito) en la entrada afuera. Pregunto dónde van las carteras y varios dedos apuntan a un pequeño closet sin puerta y varios estantes en la pared de fondo. Saco mi “mat” de yoga y me acomodo en una esquina. No soporto tener a alguien invadiendo mi espacio personal y siempre trato de acomodarme en la esquina. Miro mis pies mientras me estiro como mi gato. Me urge una pedicura…ya van cuatro semanas desde la última. Ella llega con su entourage y su ruido y pone su mat en la fila delantera, pero opuesta a mi. Es la “reina” de la clase. Lo percibí desde que entró a la recepción del estudio. Yo soy la nueva y me siento como de vuelta al salón de séptimo grado de Sister Nora aquel caluroso mes de agosto en la escuela de niñas a la que asistí. Casi todas se conocían de la escuela anterior, yo solo fui con una ex compañera de estudios y a ella le tocó en otro salón. Aquí no conozco a nadie. Pero siempre se distingue la abeja reina. Total…todos somos iguales.
“Si…es que me llamó para hacerme una consulta criminal” vocifera en la recepción al contarle a su acompañante sobre alguna llamada que recibió. Deduzco es abogada.
Suena mi teléfono. Es un legislador. Salgo afuera buscando un espacio para dialogar, pero la puerta abre y cierra como un par de pestañas con el entra y sale de los que van a la clase de Ashtanga. Ella azuza su oído y al escucharme mencionar la palabra “proyecto de ley” me mira de reojo, como queriendo investigar quien soy. Termino la llamada, pongo mi celular a vibrar dentro de la cartera, me despojo de mis chanchletas y entro al salón.
A mitad de clase descubro que domino bien las asanas. Llevaba tres meses sin hacer una clase formal de yoga. Y Ashtanga es una variedad un tanto difícil y que requiere mayor flexibilidad. La “reina” me mira de reojo. La nueva es flexible. Lo que no sabe es que la nueva, es maestra de ejercicios y lleva 12 años haciendo yoga intermitentemente. Lo de intermitente ha sido por embarazos, crianza, divorcio, mudanza y un horario de locos mientras se manejan trabajo, niños y quehaceres del hogar.
Miro mis pies. Todos somos iguales. Unos más flexibles que otros. Pero todos somos iguales, buscamos paz, buscamos bienestar…liberar las tensiones y los nudos en nuestras espaldas. Aquí adentro no hay espacio para la quiebra del país….no se puede pensar en un nuevo impuesto….todo se centra en la sincronización de la respiración y las asanas.
Termino la clase empapada de sudor. La reina y su entourage no me intimidaron..más bien creo que ella quedó intimidada. Me muevo a regresar mis bloques y recoger mi mat. Me presento con la muchacha que estaba en el mat frente al mío. Conectamos la mirada y las casi ganas de reírnos cuando hacíamos la pose del árbol. Tiene el pelo rizo como yo.
Regreso a buscar mis chancletas rosadas afuera. Camino. Los pies me guían de vuelta al auto, estacionado en este “strip mall” de la suburbia guaynabeña. De camino a la realidad. Esa que busco escapar por hora y media en un mat de yoga.

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