Brujas

Bruja2Del Hato a GCity hay unas cuantas millas de distancia. Sin embargo, tienen algo en común: la oscuridad de la noche. Cuando llegué a buscar a M, mi colega profesional, al complejo de” walk-ups” en el Hato, aquello estaba como boca de lobos. Mosquitos de tamaño prehistórico se metieron en el carro cuando M abrió la puerta del pasajero. La zona donde M vive es la cuna de los complejos de vivienda horizontal de baja altura en el país. Corrían los años 90, previo a la salida de las 936 y tras el paso de otro fenómeno, el huracán Hugo, cuando la frontera con el mangle y la zona bancaria se transformó de “El Fanguito” a un laberinto de viviendas donde hay poco estacionamiento y mucha gente. Los mosquitos  aparentan haber mutado tras esa invasión citadina y han regresado a retomar su espacio. M y yo nos dirigíamos a conversar en un programa radial mantenido (tras la emergencia) por una colega (S),  ahora en calidad de periodista voluntaria junto a un grupo de figuras conocidas en el ámbito de las comunicaciones, incluyendo otra de nuestra especie.

Allí sentadas en los cuatro micrófonos estábamos las Brujas de Salem, cantando trick or treat (no te escondas que te ví) a varias estrategias de comunicación desacertadas que han redundado en el marasmo que vivimos. No hay que ser un intelectual para saber que lo que le pasa al país ya no es emergencia y raya en crisis humanitaria. Salir de mi burbuja guaynabeña me cuesta a diario. No solo por la oscuridad, pero por las largas filas que hay para todo, desde el banco hasta el supermercado. Macondo se queda corto y el infierno de Dante también. Kafka no pudo hacer mejor descripción del país. Vivimos suspendidos entre lo real de nuestra cotidianidad y lo fantástico de la ficción presentada por la propaganda. El país que pinta el gobierno de turno es uno y en el que vivimos es otro. La información no es presentada de forma diáfana y nos atosigan con fantasías dignas de un cuento de hadas de Disney.

En los centros comerciales- abarrotados de gente buscando tomar aire fresco y huyendo del  aburrimiento y el estruendo y olor del diésel  de los generadores por unas horas- todo acontece con exagerada normalidad. Es un acto de escapismo y enajenación.  Hasta vestimenta de invierno hay para una temperatura que no baja de 80 grados Farenheit y decoraciones otoñales y navideñas ya se encuentran en los almacenes templos del consumo. Allí, entre tanques de butano, baterías y parillas de gas, se puede uno tropezar con un muñeco de nieve y toda su familia. Nunca imaginé un otoño como el que vivimos hoy. Otoño siempre ha sido mi temporada favorita. Y siempre he decorado la casa de otoño desde fines de septiembre. Siempre lo he sentido como la transición perfecta a la Navidad (época que no me gusta…soy como El Grinch).

Nuestra condición colonial nos tiene atrapados en esta ficción. Dependemos del Norte para retomar la normalidad ya que ellos con su cash vendrán a salvar nuestras penurias tropicales tras el paso del devastador huracán. Sin su dinero no sobrevivimos.  Seguimos sin servicio eléctrico en el 70% del país, pero nos dejamos enredar en un contrato de $300 millones que apesta a pescado abombado. La condición colonial, nuevamente, al relieve, nos pone en la escena mundial.  Una oscura empresa con sede en Whitefish, Montana y con dos empleados pretende arreglar el sistema eléctrico de un país cuya corporación pública energética está en la ruina. Seguiremos en la boca del lobo…

Fue en una colonia que se llevaron a cabo los juicios contra unas mujeres cuarentonas acusadas de brujería y hechicería. Era común en la época de la colonia británica en América del Norte ese delirio de brujas y perturbaciones demoníacas. Una de las teorías establece que  los Puritanos, que gobernaban la colonia de la Bahía de Massachusetts sin control real desde 1630 hasta la promulgación de la Carta Real de Massachusetts en 1692, atravesaban un período de alucinaciones masivas e histeria.  Las mujeres, en este caso, eran consideradas ciudadanas de segunda categoría ya que debían servir a sus esposos. En caso  que su conducta no se ajustase a los parámetros religiosos eran  se les tildaba de brujas. A su vez, en Europa en la Edad Media las brujas eran como shamanes, especialistas de la comunicación con lo sobrenatural y adivinadoras.

Así las cosas, adivino que estaremos meses en la oscuridad. No por que el huracán haya sido categoría 4 y haya arrasado todo a su paso. Adivino que seguiremos enredados en la burocracia gubernamental que nos ha traído hasta aquí. En cualquier lugar del mundo se hubiese resuelto este problema ya. Pero  aquí seguimos como el vendedor de La Metamorfosis de Kafka.  Tras una noche normal, Gregorio Samsa,  un día trata de levantarse para asistir a su trabajo, pero se da cuenta que durante la noche se ha transformado en un insecto. Tal y como Gregorio, quien al darse cuenta que se ha levantado tarde y debe apurarse para comenzar sus actividades diarias habituales, pero al estar acostado sobre su espalda, no logra levantarse de la cama, el país no se levanta. El resultado: montones de gente montándose en un avión huyendo en éxodo masivo al Norte sin rumbo, empleo u hogar.  Al menos ellos disfrutarán de un Día de Brujas normal. ¿Yo? Me conformaré con ser una de ellas, comunicándome a través de las palabras.

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Embarre

Papel ToallaLlegó el huracán María-justo el día en medio del aniversario de Hugo (1989) y Georges (1998)…20 de septiembre- y arrasó con todo lo que pudo a su paso por Puerto Rico. El gran huracán épico…el que no conocía generación alguna (salvo contadas excepciones centenarias) se materializó y dejó una estela de destrucción categoría 4. Ya sabía yo que los cuentos de mi Abuela Carmín no eran nada de exagerados. De una forma u otra estaba preparada. Ella me preparó durante años con sus historias de San Felipe. Añádale Hugo y Georges al resumé de vida y ya nada me espanta.  En Guaynabo City sentimos las ráfagas de vientos de sobre 100 millas ya que quedamos en el radio del ojo del huracán, que entró por Yabucoa y salió por Quebradillas. Nuestros campos han quedado devastados y sectores del país quedaron incomunicados por días sin contar que las redes de comunicación móvil y de internet cayeron víctimas de los vientos y luego del robo de cobre.

Las largas filas se convirtieron en la orden del día ya fuese para gasolina, hielo o comida. El apocalípsis llegó y se instauró en suelo borincano. La gente como loca buscando por las pocas estaciones de radio en pie a cuanto pariente y doliente no le hablaba en una vida, pero ahora querían saber de ellos. Tan pronto pasaron los vientos comenzamos a dormir con olor a emisiones de diésel y el sonido del generador eléctrico del vecino mientras nos convertíamos en el manjar predilecto de cuanto Aedes Aegipty tuviese hambre. El sábado, tercer día luego del huracán, se hizo el agua en muchas zonas de Guaynabo City pero continuaron las filas. Entre escombros vegetativos, paneles de zinc, filas y un sol del infierno, Guaynabo comenzaba a retomar su normalidad…hasta que llegó otro huracán…el huracán Trump. El habitante número 45 de la Casa Blanca decidió venir al Caribe acompañado nada más y nada menos, no solo de Melania,su esposa, de la Comisionada Residente. Y fue así como a nuestro país le pusieron la carpa de circo y el espectáculo comenzó-para los ojos del mundo-en Guaynabo City.

De ciudad cinco estrellas y ciudad de las rotondas pasamos a ser el hazme reír mundial. Flanqueado por el Alcalde, la Comisionada Residente y el Gobernador, 45-en un gesto burlón y en un momento que quedará en los anales fotográficos de su presidencia-comenzó a tirar rollos de papel toalla a los presentes. No, no eran damnificados. Eran la feligresía del pastor evangélico gringo que logró que 45 visitara a aquel rebaño que moría por un selfie con el o con la Primera Dama. Allí necesidad no había. Había necesidad de protagonismo. Ni todos los infiernos de Dante, ni haberme devorado Cien Años de Soledad ni haber analizado a Kafka me preparon para ver aquella zambumia de feligreses faranduleros, políticos y agentes del Servicio Secreto haciéndose pasar por gente común, corriente y urgida de alimentos.  La insulza visita a la urbanización aledaña al “templo” remató aquella visita sin sustancia y de ningún valor político o social en momentos donde el país necesita urgentemente la restauración de sus utilidades para continuar levantándose de la catástrofe. ¿Por qué no llevarlo a Loíza?  Ni la mismísima Marie Antoinette fue más cruel. El embarre fue grande…no hay papel toalla que lo limpie. Marie Antoinette

Mientras tanto me distraigo. Hay trabajo, los chicos ya volvieron a la rutina escolar y estoy hecha una “dura” jugando Guerra con briscas. Ya conozco los trucos para hacer una fila sin desquiciarme y aprovecho la hora de la práctica de tenis de mi hijo para conectarme a Pinterest. Sin contar que ya los chicos aprendieron a sobrevivir sin nevera, electricidad y hielo. Hablamos a diario con nuestros vecinos y les saludamos cuando nos vamos y llegamos.  En las noches, un solitario abanico de baterías nos acompaña y refresca la noche. Volvimos a ser gente.  No nos hace falta para nada el papel toalla…

 

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Huracán

Rincon
La calma
Dicen que antes de cada huracán o tormenta hay una calma espantosa…

Domingo 9:30 am
Los chicos y yo estábamos desayunando el menú británico de The English Rose en Rincón. La polla del medio estaba de nueva vuelta al sol y celebramos su onomástico a primera hora del día con un exquisito plato con vistas al mar, desde el tope de una montaña.
Domingo 11 am
No parece que hay aviso de tormenta para el Caribe. La gente disfruta un día de playa normal. El ultimo del verano. En el trópico el agua suele tornarse pesada en esta época cuando se llena de sargazo y las temibles aguas vivas. Nunca llevo a los niños al mar luego del feriado del Dia del Trabajo hasta que llega la cuaresma. Evito el agua.
Lunes 9:30 am
El mar tiene olas altas y se percibe la resaca a lo lejos. Ayer quede atrapada en un “rip tide” en otra playa y me lastime el empeine del pie derecho mientras vigilaba a mi hijo en el agua. La caminata a la orilla de la playa parece la de cualquier día de septiembre. La estela de espuma blanca que dejan las olas borra nuestras huellas en la arena. Hace mucho calor y el aire se siente pesado. Sin embargo, hay una calma pasmosa. En la orilla pedazos de madera y basura marina se confunden con el sargazo. “Dominicans came on a small boat. They ripped it off before heading inland”. Mientras dormíamos y la gente fiesteaba en los negocios a la orilla del mar, un grupo de extranjeros entraba ilegalmente confundiéndose con la masa. Arriesgan su vida en esa travesía. No imagino si los agarra una tormento o huracan en alta mar.
Historia
“Antes la gente no tenía televisor ni radio, no sabían cuando llegaba un huracán hasta que lo tenían encima” Con estas palabras mi abuela materna me hacía ver lo bendecidos que éramos de haber podido advertir el grave peligro que representaban los fenómenos atmosféricos con antelación. Mi abuela era una niña cuando el Huracán San Felipe destrozo Puerto Rico. Ella, sus padres y sus hermanos (era la única niña) se guarecieron en una especie de refugio preparado con planchas de zinc. En la casa de la finca quedan paneles que sobrevivieron a ese fenómeno acaecido hace casi 100 años.
Hugo, 1989
“Por ahí viene Hugo”. Así gritaba un hombre en una bicicleta mientras bajaba por la calle Madrid en Santa Rita en Rio Piedras. Con varios paneles de madera atados a la parte posterior de su bicicleta, el hombre balanceaba su pesada carga con un equilibrio inmejorable. Iba camino a a la UPR a trabajar con unas fichas para la monografía de español de grado 12. El calor era insoportable y la calma imperaba en el vecindario universitario. Llego Hugo tres días después. Mi vida cambio a antes y después de Hugo, como la de tres millones de puertorriqueños. Mami y Papi no conocían la furia de un huracán. Hicimos un “bunker” en nuestra casa en Guaynabo City. Allí, acompañados de un radio de batería, pasamos más de 12 horas todos juntos en el lugar más seguro de nuestro hogar. Mes y medio sin servicio eléctrico y unas semanas sin agua potable me hicieron apreciar las comodidades de mi vida. Once meses más tarde, partí a la universidad en el sur de los Estados Unidos. Antes los huracanes no llegaban al Golfo de México. Conocí lo que eran los tornados y las inundaciones repentinas, pero jamás viví otro huracán.
Georges, 1998
Sola y con una niña de dos años y medio, y tras la experiencia de Hugo, decidí abandonar nuestro apartamento en un piso 4 en Caparra para regresar a casa de mis padres. Esta vez había generador. Papi había hecho una larga fila para adquirir un flamante generador Honda color rojo los días previo al paso del huracán. Con una niña pequeña en casa se hacía apremiante. Recuerdo la pudrición de la nevera de mi apartamento. $200 en comida a la basura y al vertedero. Hice malabares y lo sobreviví. Las lecciones aprendidas fueron muchas. Es mejor estar preparado y ser precavido.
Irma, 2017

Martes 4 pm
No sabemos en realidad lo que nos viene encima. El país carece de infraestructura sólida para aguantar este fenómeno atmosférico. Irma es un superhuracan con vientos que sobrepasan las 185 millas por hora. El país nunca ha recibido el embate de un fenómeno con vientos de esa magnitud. Despacito…más que un hit, es la forma en como hemos tomado las cosas en nuestro país a la hora de fortalecer nuestra infraestructura. Especialmente la eléctrico. Sin servicio de energía no podemos hacer negocios. Negocios necesarios para que el país siga andando como ha podido. Con una deuda impagable y enorme, producto de promesas de campañas políticas.
Calma…esa tensa calma…la siento. Salgo a la calle y solo hay silencio. Escucho también el clac, clac a la distancia de quien- como yo- se han preparado para lo peor y han decidido instalar tormenteras. Un dedo cortado y una manicura echada a perder son testigo de una tarde de trabajo instalando sola las benditas planchas que protegen las ventanas.

“Are you ok?” las llamadas y mensajes de texto del Norte no se hacen esperar. Desde la polla mayor hasta mis amigas.

“I’m installing hurricane shutters by myself. This is the only time of the year that a husband might come in handy” le contesto a una amiga.

“Quite sure the husband would be holding up the shutters while you do the rest”
Calma…no es lo que prevalecía esta mañana en el supermercado. Hemos creado una sociedad de consumo desaforado. Cualquier fenómeno es buen momento para atiborrar alacenas con víveres importados mientras la agricultura local será la que sufra los embates del huracán. El consumo local es esporádico. Preferimos la lata importada, esas para las cuales hay hasta subvenciones para comprar y con las que se compra un voto. Ambas han terminado en la basura. La lata que no se puede reciclar y el voto que ha electo a políticos incapaces de proveernos una infraestructura saludable que resista los embates de un fenómeno como Irma.

Martes 10pm
Mañana es otro día. El curso del país volverá a cambiar…antes y después de Irma.
Que Dios nos agarre confesao’s…
Irma huracan

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Antes

antesEl artículo compartido en las redes sociales por mi amiga C, me hizo detenerme a leerlo. Disfrutaba de un desayuno en solitario luego de haber sobrevivido el caos matutino, el tapón vehicular y haber llegado a la oficina. Generalmente desayuno en casa, pero un pequeño detalle alteró toda la rutina: la polla del medio se tomó toda la leche que quedaba en la nevera la noche anterior y dejó el envase vacío encima de la estufa. Esto desencadenó una serie de eventos de una mañana caótica, sin leche y sin desayunos. Peor aún: mamá sin café. Pero a mal tiempo, buena cara y como hay que hacer de tripas corazones, compré desayuno y me senté con el ansiado café y una harina de maíz a leer el artículo que C había compartido atraída por la frase “A ti que amas ser mamá, pero que también extrañas tu libertad”…En ese momento hubiese querido tener a C de frente y decirle “Todo va a estar bien”. Pero C vive en Pennsylvania hoy día y yo en Puerto Rico. C: Yo también extraño mi libertad. Quisiera irme contigo y nuestras amigas a la playa de fin de semana a tomar mojitos y achicharrarnos en el sol caribeño sin preocuparnos por que al domingo le sigue el lunes y hay que prepararlos para ir a la escuela y comenzar otra semana más.

Hace 22.5 años, justo la mitad de mi vida (me apresto a cumplir 22.5 más el mes entrante), que supe sería madre. Llevo la mitad de mi vida acompañada de tres vidas que gesté hace 22, 14 y 12 años respectivamente y al sol de hoy, dependen de mi. A veces quisiera que mis hijos hubiesen conocido la muchacha que era. Pero fui madre en plena flor de mi juventud, apenas hacía cuatro años había abandonado la adolescencia. No fue mucha la libertad que tuve….aunque confieso que en los años universitarios quemé todos los cartuchos y la transición a la maternidad no implicó abandonar nada sin lo que no pudiese vivir. Mis ojeras no son por haberme trasnochado fiestando si no consolando los llantos de una bebé. Casi no me conocí. No viajé, no desarrollé una carrera que hubiese tenido que interrumpir con una maternidad (la primera en este caso). He vivido dos décadas siendo madre y me he ajustado al paradigma de lo que soy y quien soy. Añoro dormir hasta tarde y levantarme una hora antes de mi hora de reportarme a trabajar. Quisiera salir de la oficina e irme a correr 9 millas sin pensar en que hay que lavar uniformes, o ir a la clase de yoga, darme un baño con agua caliente o acurrucarme en la noche en mi cama con un buen libro. Hay días que casi lo logro…luego de estudiar con mis hijos, llevar al pollo menor a la práctica del tenis, recoger los trastes de la cocina y echar ropa a lavar…

Amo a mis hijos…pero ser madre no es nada glamoroso. Creo que la maternidad ha sido sobreevaluada y exaltada a un nivel poco realista. Ser mama no equivale a ser la princesa de los cuentos de hadas. Las princesas se casan y son felices para siempre. No se divorcian y crian hijos solas. No hay nada glamoroso en levantarse a las 3 am a limpiar vomiteras de un niño con fiebre e infección de oido para tener que estar seis horas más tarde en una reunion totalmente alerta. Tampoco brinda felicidad tener que volver a la casa luego del tapón matutino solo por que alguien olvidó una tarea en casa. No solo se trata de perder libertad. Ser madre significa no reconocer a la mujer que vemos en el espejo, peor aún que tus propios hijos no te reconozcan siquiera en una foto.

Hace unos días una amiga me compartió una foto de mis años universitarios. Jamás la había visto. Allí estoy, a mis 18 años, pura belleza, sonrisa de oreja o oreja y sin ojeras. A mi lado, mi entonces novio, con 40 libras menos y sin las arrugas que marcan sus ojos hoy día (al menos todavía tiene pelo). Era la época en la que comenzabámos nuestra relación. Creo que más felíz y enamorada jamás he vuelto a estar. Cuando le mostré la foto a mis hijos me dijeron incrédulos “¿Esa eras tu?” “Wow, no te pareces” “Que bella eras ma”…

Si, esa era yo…ANTES

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Chat

meme chat
El verano llega a su fin y con este mi nevera toma un respiro del abre y cierra despiadado de mis hijos que en vez de niños parecen polillas…arrasan todo a su paso. Esta época del año trae incontables viajes a Sam’s y a Costco con paradas casi diarias en el supermercado o en la farmacia. En algún momento del verano pensé que vivía con una nueva especie: osos en hibernación atrapados en cuerpo de niños con el estómago de una polilla. Pienso que ponerle un candado a la nevera no es mala idea, a ver si la pobre toma unas vacaciones de la hambruna de mis hijos. Las vacaciones de verano me dan un respiro de unas cosas (madrugar…) pero me vuelven esclava de otras (cocinar, ir por víveres, la desorbitada cuenta de AEE). De lo que no he podido tomar un descanso completo es de la eterna conversación en el chat de WhatsApp de la clase de mi hijo menor. Los chats son males necesarios en esta vida moderna donde somos esclavos de los teléfonos y aparatos electrónicos. Antes yo llamaba a mis amigas por teléfono regular (de línea) si quería salir o encontrarme con alguna. Si era más de una amiga, la cosa no pasaba que fuésemos tres y hubiese que hacer varias llamadas. Ahora, mi hija mayor hunde un botón y ahí en un segundo y por arte de magia aparecen conversaciones instantáneas donde ni emisor ni receptor interactúan a no ser por la cajita cuadrada que controla nuestras vidas.
A mí la vaina esta de los chats me saca de quicio. Nada más desesperante que estar trabajando y escuchar mi teléfono sonar y sonar incesantemente con mensajitos y emoticones de gente que parece que no tiene nada que hacer con su vida en ese especifico momento. Peor es cuando doy clase de ejercicio. He tenido que desistir de usar la música en la fonoteca de mi celular para sacar el viejo Ipod, que ya es una reliquia. Así nada baja el sonido de la música o interrumpe mi clase…porque así este en MUTE o en opción de silencio…el bendito teléfono se las ingenia para enviarme notificaciones. A veces parece que el teléfono esta poseído. Ni hablar de los chats en los que añaden a uno…forzosamente. Mejor ni empiezo. Simple y llanamente le doy abandonar grupo y me voy. Soy apática a este tipo de comunicación. Si bien prefiero hablar con la persona, hay con algunas personas con las que mantener una comunicación por el chat es algo que no me molesta. Pero estos chats de más de dos o tres personas me sacan de quicio. A principios de verano pensé que el interminable chat se terminaría…cual sería mi sorpresa que todo el verano se ha mantenido activo. Algunos días más que otros. Abandonarlo suena como una opción tentadora. Sin embargo, luego comienza el semestre y me siento perdida pues todo se discutió en el chat. El año pasado lo abandone en mayo, solo para darme cuenta de que me habían añadido en agosto…

Lo mejor es cuando decido meterme en la conversación y darles mi sincera opinión…se silencian por par de días…He sospechado que no soy un personaje muy popular en ese chat por no caer en las trampas de la condescendencia y aterrizar a unas cuantas a la realidad social de nuestro país. Creo que a estas alturas vivir enajenado no es una opción y pensar más allá de las fronteras de Guaynabo y la consabida burbuja mental es algo a considerar. Creo que la tecnología facilita esa desconexión al no fomentar la conversación.

Para variar en días recientes salí con los niños a cenar a un restaurante en el vecindario a apaciguar su hambre casi canina mientras me declaraba en separación total de estufa y olla. Al tratar de entablar conversación con ellos, solo la mayor pudo conversar conmigo sobre las recientes escaramuzas del Norte ya que los peques parecía que traían el teléfono conectado cual cordón umbilical. De inmediato ordene que hiciéramos una tregua y celulares al lado en lo que compartíamos durante la cena. Este es el último verano de la polla mayor como universitaria y en par de semanas regresará al gélido MidWest donde seguro estará contando los días en noviembre para regresar al bochorno tropical de Guaynabo. Quiero que mis hijos puedan conversar entre ellos, aunque la tecnología los ayude, y fortalecer los lazos familiares. Hoy no sabemos si ella regrese a Puerto Rico a ejercer su carrera. A ese chat jamás podre darle MUTE.

Mientras tanto…entre listas interminables de regreso a clases y contando los días para que la nevera permanezca cerrada algunas horas seguidas, sigo esperando ansiosa las elecciones dominicales donde mi pueblo elegirá a su nuevo alcalde luego de la caída en desgracia del arquitecto de la ciudad de las rotondas. Creo que el verano tendrá un fin memorable en Guaynabo City…

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Mía

gata y gatito

“Me encanta cuando estamos tu y yo solas. Sin L (niño menor) y sin P (hija mayor…la adulta de la casa). La pasé super.”

Las palabras de mi hija del medio- con 13 años y entrando en la adolescencia-salieron de su boca mientras guiaba de Ponce a Guaynabo luego de un día de trabajo atendiendo público en un centro comercial. El verano siempre me proporciona la oportunidad que me acompañen a algún evento para que puedan comprender un poco mejor ciertos aspectos de mi trabajo.

“Ayyy que felicidad y que paz sin L y sin PC (Hija del Medio) en esta casa”
Con estas palabras la adulta de la casa-y de visita veraniega-describe los momentos que disfruta de mi compañía exclusiva. Ella, la que ya no vive en casa y pronto comenzará el último tramo de la carrera universitaria, reclama a mami como si fuera una chiquita de vez en cuando.

“Qué bueno que PC NO está.”
El único hombre de la casa me dice esto con frecuencia cuando durante el semestre la mayor está en la universidad y PC desaparece con alguna amiga y nos regala un rato juntos.

Cada uno de mis tres hijos me deja saber con frecuencia cuanto atesora tenerme en carácter exclusivo. Siempre he tratado de compartir con cada uno de ellos sus pasiones e intereses. Así sea quedándonos en casa y viendo tele.

“See you never…” le dice PC a su hermana mayor mientras esta se apresta a irse de fin de semana de playa con sus amigas. La risita sarcástica y el tono de sus palabras al despedirla en la puerta de la casa me dejan saber que agradece que su hermana desaparezca así sea por dos días del panorama hogareño para tener mi atención completa. Aunque ellos piensen que me halagan con sus reclamos, la realidad del caso es que me la ponen difícil.

Everybody wants a piece of me… Mami es mía…Ser mamá de tres es fuerte. Dedicarle tiempo a cada uno es complicado. Peor cuando crias sola. Aún así saco fuerzas, energías, hago malabares circenses y cavo boquetes en mi cargada agenda para que tengamos esos espacios que nos permiten dialogar, reírnos y crear momentos compartidos.

Solo espero que cuando yo envejezca quieran seguir pasando tiempo conmigo. Justo cuando estoy cansada recuerdo las palabras de una persona muy mayor y sabia que una vez me dio el siguiente consejo:

“Dedícales tiempo. Así estés cansada, así tengas ojeras. Recuerda que ellos escogerán el home al que irás o te llevarán a vivir con ellos.”

Se que hoy estoy sentando las bases de mi vejez. Ciertamente no pretendo ser una carga para ellos y he planificado mi retiro para no serlo. Amo y atesoro la soledad. Pero secretamente deseo escuchar estas mismas frases durante mi vejez.

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Machos

pesas

“Yo le dije que regresara conmigo a Estados Unidos, pero prefirió quedarse en Puerto Rico con la familia. Así que la dejé y me divorcié”

Las palabras salían de la boca de un ex militar y con músculos cuidadosamente esculpidos. Para estar en su sexta década luce fantástico. Pasa horas en el gym dedicando tiempo a su físico. Aunque su cara delata su edad, su cuerpo lo hace lucir 20 a 30 años más joven. Conozco a muchos hombres que ni en sus años mozos lucieron el cuerpo de este caballero.

Trabajar en un gimnasio frecuentado por hombres, en su gran mayoría en horarios de mucho volumen, tiene su “allure”. Cuando saben que eres maestra de ejercicio y sabes del tema, te respetan. “Ella trabaja aquí” o “Es la que da clase de cycling” los escucho cuando se refieren a mi. Paso desapercibida…soy una más del corillo. Están interesados en sus músculos o ya me consideran alguien familiar. Pero con la confianza viene el enterarse de dramas ajenos. Odio usar audífonos para hacer ejercicio, a menos que vaya a correr una carrera o medio maratón. Me gusta estar alerta. Además doy mis clases al ritmo de música ensordecedora. Un poco de silencio no viene mal. Hay días en el que el salón de pesas es SOLO para mí. Quizás pocas personas puedan entenderlo, pero contar con el salón de pesas sin nadie llevándose mi equipo, sin esperar que alguien termine un set o escuchar un gruñido masculino al levantar mucho peso…es algo maravilloso.
Pero hay días y hay días. Los voy conociendo por sus conversaciones con el pana con el que se ejercitan. Conversaciones de machos. El workout buddy las hace de psicólogo. Entre ruidos extraños al levantar pesas y repeticiones de lunges y squats, conozco retazos de sus vidas y aprendo de la psicología masculina. Hay unos más habladores que otros. Muy pocos llevan audífonos.

Entre pesas y máquinas me doy cuenta que ignoro lo que pasa por la cabeza de un hombre la gran mayoría del tiempo. Meterse en un salón de pesas de un gimnasio es algo que toda mujer debe hacer si quiere comprenderlos…

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